Historia de COMIMEX

En el año de 1986, después de regresar de California donde fuimos entrenados como misioneros internacionales, y tras haber organizado en Coacalco, Edo. de México, una conferencia misionera, el entonces director nacional de Operación Movilización, Ricardo Griffin se me acercó para proponerme en mi carácter de director del equipo SEPAL, que invitara a varias organizaciones involucradas en misiones para que encontráramos la manera en que Dios nos quisiera usar juntos. Empezamos a reunirnos de manera informal varios de los directivos de algunas de las organizaciones con énfasis misionero que trabajaban en México, incluyendo además al ILV representado por su presidenta, Artemisa Echegoyen.

Muy pronto recibimos la invitación a participar en COMIBAM 87, y uno de los primeros logros de nuestras reuniones fue promover que más mexicanos participaran en este Congreso que cambió la trayectoria misionera de la iglesia latina en el continente. Se aumentó el número de los  participantes de unas pocas decenas de líderes a 69. Una vez en COMIBAM, se dio oportunidad como parte del programa, que se reunieran por país los delegados y decidieran cómo iban a dar seguimiento al evento en cada país; en otras palabras, como íbamos transmitir la visión misionera en nuestros respectivos países. En dicho espacio, se nombró un pequeño comité, formado por los pastores Benjamín Rivera, Sergio Cantú, y por el que escribe. Una vez vueltos a México, en 1987 comenzamos a reunirnos mensualmente, decidiendo llamarnos el Comité Misionero de México  (COMIMEX), y empezamos a planear el trabajo a desarrollar, pero después de algunos meses sucumbimos en nuestros esfuerzos debido a las múltiples responsabilidades de los participantes.

Pasó el tiempo, y el Señor usó una Conferencia Misionera que OM y SEPAL organizamos conjuntamente en Veracruz, para motivarnos a trabajar unidos con el principio escritural de sinergia, donde uno puede hacer huir a mil, pero dos pueden perseguir a diez mil. En plena conferencia, el Señor nos usó para volver a despertar en los asistentes la conciencia de la necesidad de unirnos, y COMIMEX resucitó. Se reanudaron las reuniones mensuales en el centro de la ciudad de México con varias organizaciones misioneras representadas. Con la gracia de Dios ese grupo empezó a crecer, a fortalecerse, y a desarrollar planes, unos un tanto utópicos, otros bastante reales y efectivos.

Otro eslabón fundamental en la vida de COMIMEX fue que Dios unió en 1992 a un equipo de líderes de organizaciones misioneras con el propósito de investigar el grado de penetración del evangelio entre cada una de las etnias mexicanas. En Morelia, a principios de 1992 definimos varios parámetros y planeamos la investigación, repartiéndonos el trabajo y dándonos el resto del año para desarrollarlo, y reunir toda la información en un banco de datos.

En el tiempo en que meditábamos en cómo podría Dios usar los resultados de esa investigación monumental, providencialmente fuimos invitados ese mismo año a una junta continental en Costa Rica, con un tema entonces desconocido: Adopte-Una-Etnia. Se nos explicó que para terminar la Gran Comisión, faltaban de alcanzar con el evangelio a 12,000 etnias, y que la iglesia africana, la asiática, y la del primer mundo, habían tomado el desafío de alcanzar cada una a 3,000 etnias, quedando la misma cantidad como desafío para Iberoamérica. Tratando de hacer una repartición justa del trabajo a desarrollar, y basados en el número de evangélicos en cada país, a México nos tocaron 312, y nos trajimos el desafío de promover la adopción de tal número de etnias. Entonces los propósitos de Dios para la investigación de las etnias tuvieron un claro sentido. En ese tiempo nos enteramos que el Congreso Misionero Iberoamericano COMIBAM 87 había resultado en la Cooperación Misionera Iberoamericana. Fue entonces que decidimos cambiar el nombre de Comité Misionero de México, por el de Cooperación Misionera de México, para seguir la pauta de COMIBAM, reteniendo las siglas COMIMEX.

Hasta entonces, las juntas de COMIMEX habían sido mensuales y en el D. F., aunque asistían gente como Antonio Álvarez que fielmente venía de Puebla y otros que venían de otros estados. Como había personas que mostraban interés en participar, el Señor puso en nuestro corazón hacer juntas anuales nacionales, donde todos pudieran incorporarse a los esfuerzos. Empezamos a formar parte de COMIBAM, y todo esto permitió que pudiéramos proponer a México como cede para el 2o Congreso Misionero Iberoamericano, COMIBAM 97, moción que se aceptó unánimemente, a pesar de existir otra propuesta muy atractiva por parte de Puerto Rico. Después de estos años, ahora vemos por qué Dios tenía en sus planes que COMIBAM 97 se celebrara en México, pues hemos visto cómo Dios usó este evento para traer una mayor concientización y movilización misionera a nuestra patria.

No solo pensamos en los grandes eventos, sino en las mejores etrategias para transmitir la visión misionera a la iglesia en el país, y fue así como logramos desarrollar el curso llamado “Tu Iglesia Puede Cambiar al Mundo Entero”, que actualmente se ofrece en dos modalidades: tanto a iglesias, denominaciones y alianzas pastorales, como por medio electrónico como material que puede ser usado por movilizadores de habla hispana. Al igual que los planes, gente ha ido, ha venido, pero los propósitos de COMIMEX para ayudar a la iglesia a alcanzar\las etnias no alcanzadas, sigue siendo el desafío delante que nos da vida, y nos mantiene unidos y trabajando por la pronta gloriosa segunda venida del Mesías, el salvador del Mundo.

por Moisés López