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Artículos sobre Misiones
"Entre quijotes te veas" 
por David D. Ruiz M. Presidente, COMIBAM Internacional

Tuve la oportunidad de coincidir en La Mancha, España, con el inicio de las celebraciones de un nuevo centenario de haber sido escrito el famoso libro “Don Quijote de La Mancha”. En dicha visita pasé conociendo los famosos molinos de viento y al estar frente a ellos, como en una película, las escenas de don Quijote comenzaron a pasar en mi mente. Pude rememorar nuevamente a esta interesante pareja; el primero con sueños demasiado grandes pero con la pasión suficiente de querer alcanzarlos, un hombre que al verlo en perspectiva cometió muchos errores, pero visto desde sus propios ojos, fueron actos de valor y compromiso que respondieron a su pasión de vida. El segundo, un hombre con los pies más pegados al suelo tratando de mantener el equilibrio entre la pasión, la visión y la simple realidad, un hombre fiel al llamado de su señor, aunque nunca terminaba de entenderlo.

Cuando pensaba en él, pude descubrir que en la Palabra también hay otras parejas singulares como la de don Quijote y Sancho Panza. La de Elías y Eliseo es una de ellas. Elías, con una visión muy grande y tenía, delante de sus propios sueños, gigantes delante de los cuales se paró para enfrentarlos valerosamente, movido por la visión y la pasión que Dios había puesto en su corazón. El segundo, Eliseo, un hombre más sencillo, cuyo ministerio se desarrolla bregando con el día a día, un hombre más cercano al pueblo y que en el tiempo que estuvieron juntos le tocó ver con sorpresa la gran visión de su señor, pero logró victoriosamente poner los pies en el suelo para ver cuál era su propio llamado.

Pablo y Timoteo, otra de estas parejas. Pablo, un hombre apasionado, ni siquiera el mundo era su límite, no había nada que lo detuviera o que pudiera contenerlo, su pasión de llegar hasta lo último de la tierra lo consumía y lo hacía ver los molinos convertidos en gigantes. El segundo, un joven que aprendió de los pasos de este gigante, pero que desarrolló su ministerio más pegado a la tierra; como pastor recogiendo y edificando las iglesias fundadas por Pablo y haciéndoles entender esta visión tan grande.

El día de hoy los misioneros latinos representan estos quijotes y estos sanchos, algunos con visiones tan grandes que los hacen tan incomprendidos como el primer Quijote; visiones que los llevan a rastras a lugares tan lejanos para enfrentar a sus propios gigantes, a enfrentar sus propios sueños, pero allí están haciendo lo increíble, sembrando en cada lanzada la Palabra del Señor, dispuestos a caerse, a ser golpeados y aun a ser tachados de locos. 

Otros, por su parte, con los pies más pegados al suelo, pero aventureros al fin, dispuestos a creerle la palabra a su Señor que si él los llamó al campo, él mismo los sostendrá.

Tuve la oportunidad de compartir con quijotes y con sanchos en un retiro de una agencia misionera latina y la verdad que el sueño sigue, seguramente cabalgando porque la pasión de las misiones ha inflamado a Iberoamérica de tal manera que por todos los rincones se están formando estas parejas singulares.

Que el Señor bendiga a estos quijotes y a estos sanchos. 

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