cooperando con la iglesia evangélica para alcanzar las etnias no alcanzadas de México y del mundo

Pagina Principal



Artículos
 
Artículos sobre Misiones
Anotados En El Libro, Con Todos Mis Miembros En Tacto
por Ramón León


Era la tarde del domingo cuando esperábamos al jefe de policía encargado de asuntos de extranjeros. Logramos esta cita después de tener un encuentro con él en su oficina, pues supimos que nosotros, como extranjeros en esta nación, teníamos la obligación de reportarnos. Después de un rato de charla con el jefe de nombre Suryo, lo invité a que conociera nuestra casa y que probara algún platillo mexicano. Muy complacido aceptó la invitación y acordamos vernos en la tarde del domingo.

Ese día nos pusimos a preparar lo que íbamos a ofrecer al Sr. Suryo y a quienes trajera; pues era probable que llegaran con él una o dos personas más que estuvieron presentes en nuestra charla en la oficina.

Aquí en Indonesia es muy importante este tipo de relaciones, pues la gente que trabaja prestando un servicio se mueve más por la amistad que por la obligación o responsabilidad que “exige el puesto”. 

Pero el domingo me informó Pak Suryo que tenía mucho trabajo y no iba a poder asistir con nosotros. Entonces lo desligué del compromiso y le dije que no se preocupara, más adelante haríamos una nueva cita.

Sin embargo, como ya estaba preparada la comida (mole, frijoles negros, arroz a la mexicana, tortillas de maíz y dulces mexicanos como postre) tuvimos que comer nosotros solos, pues a fin de cuentas la cena ya estaba hecha y llegamos a la conveniente conclusión de que el Señor nos quería bendecir con esta comida algunos días. 

La sala de nuestra casa es un pequeño cuarto que tiene una ventana grande sin cortinas que da al frente a la muy pequeña calle donde vivimos. En esta calle puede pasar sólo una motocicleta o gente a pie. Esta sala es donde normalmente tomamos los alimentos. De mesa pusimos un juego de cojines grandes con una madera en medio donde tenemos una vela y, en ocasiones, flores. Esto, con el fin de tomar los alimentos más como lo hacen los indoneses, de forma más contextual.

Decidimos pasar “al comedor” con nuestro delicioso banquete que preparamos con tanto esmero para el jefe de policía, pero que en esta ocasión se lo perdió. Ya sentados a la mesa (¡el piso!), pusimos todos los platos con la comida, y un improvisado tortillero con las tortillas que acabábamos de hacer. Oramos, dando gracias a Dios por la tan grande bendición de tener ese tipo de comida en nuestra mesa, no importando que estuviéramos casi al otro lado del mundo, y comenzamos.

Durante la comida pasó una de nuestras vecinas, la cual aun no conocíamos, y la saludamos a través de la ventana. Ella volteó de una manera muy poco disimulada, más bien queriendo tener un encuentro. Casi automáticamente la saludamos y le dijimos: “Ibu silakan masuk” (Sra., por favor pase). Sonrió pero se fue de largo.

Después de unos minutos volvió con una cajetilla de cigarros que acababa de comprar en el guarum (puesto) y nos dijo: “Maaf” (disculpen), “pero yo quería saber qué es lo que comen”. Le respondimos que no se preocupara y que por favor pasara y comiera con nosotros. Sin mucha dificultad (¡o nada!) ella accedió y pasó a nuestro comedor y se sentó con nosotros. De inmediato le preparamos unos taquitos de mole y comenzamos a conversar.

Ella, como algo típico en los indoneses, nos empezó a preguntar hasta lo que no debía. No pasó mucho tiempo cuando nos preguntó lo más importante: ¿Kalian agama apa? (¿Ustedes de qué religión son?) ¿Kalian cristen? (¿Ustedes son cristianos?)

Conociendo la cultura indonesa, pude entender la profundidad de esta pregunta. Mi respuesta tenía que ser sabia para que se nos abrieran las puertas a una relación más amplia. Lo que nosotros tenemos no es religión; entonces pudimos contestar honestamente que no pertenecemos a ninguna religión y que estudiamos el Islam. 

La vecina quedó conforme, suponiendo que nosotros queremos ser musulmanes. En este país la identidad que tengas es definitivamente el trato que te van a dar y también la confianza que te van a tener.

Después de nuestra conversación con Ibu (Sra.) Dewi, se fue, pero la mayor de las sorpresas fue que regresó a la mañana siguiente para obsequiarnos el desayuno e informarnos que el Pak RT y Pak RW nos visitarían más tarde. (Pak RT y RW son los jefes de la comunidad, son como diputados del mismo puesto).

Cuando nos informó sobre esto nos dispusimos a desayunar y a arreglar la casa para recibir a estas personas. A las 10 a.m. llegaron, también el ayudante de Pak RT y desde luego, nuestra vecina (Ibu Dewi) no podía faltar.

Llegaron muy formales saludando, y les invité a que pasaran a la sala y se sentaran. Curiosamente lo hicieron, no sin antes quitarse las sandalias. Cada uno de ellos, en lugar de usar algunos de lo cojines que están para tomar asiento, se acomodaron directamente en el suelo. 

Les ofrecimos algo para beber y todos aceptaron un café. 

El joven ayudante traía consigo una libreta grande, en la cual tenía el registro de cada una de las personas que viven en nuestro campum. Todos ellos traían puesto sus pequeños gorros kopiah o peci (se pronuncia pechi) que los distingue como musulmanes y es también un símbolo de identidad nacional. 

Después de un rato de charla, Pak Emen (Pak RT) me pidió nuestros pasaportes para hacer el registro de nuestros nombres en la libreta que cargaban. En realidad este era el propósito de su visita. Ya teníamos conocimiento de la visita de éstas personas, pero no que nuestra vecina las traería. Bueno, de cualquier modo teníamos que hacer este registro. 

Continuamos conversando acerca de nuestro país, de la independencia de Indonesia, etc. Por cierto, Pak Emen, muy orgulloso, nos contó que él participó en la guerra de independencia teniendo ya 82 años. 

Mientras nosotros platicábamos, el ayudante de Pak Emen escribía en la libreta y llegó a la columna donde se pregunta la religión... y desde luego nos hicieron la pregunta, ¿cuál es su religión?. Las cuatro personas clavaron su vista en mí.

Cabe mencionar que cuando ellos entraron a nuestra casa nos saludaron, “Assalamu'alaikum” y les respondí: “Wassalamualaikum”. La primera frase quiere decir: La paz de Dios esté contigo y la segunda es una especie de igualmente, para regresar el saludo. Esto es en árabe.

Se piensa en el islamismo que el árabe es el único idioma santo, pues es el idioma en el que supuestamente el ángel Gabriel le reveló “las sagradas escrituras” (el Corán) a Mahoma. Algunos detalles como éste del saludo en árabe o la ropa que usamos, semejante a la de ellos, nos abren las puertas. Se alegran al vernos utilizar el kopiah o peci, no comer carne de puerco, no tener perro, no beber ninguna clase de licor, y en general, no atacar sus creencias. Se alegran al vernos resaltar las cosas que nos lleven a hablar del profeta Isa (Jesús). Para ellos, son cosas de mucho significado. Para nosotros son de gran valor en nuestra relacion con ellos. 

Entonces cuando nos preguntaron qué religión tenemos la respuesta fue: “No tengo religión”. Desde luego se sorprendieron y más cuando se les explicó que no somos pollos. Hay un dicho para los ateos en este país: “La persona que no tiene religión es como un pollo”. Para la gente aquí, más que en América Latina, el concepto de creer en Dios y no tener una religión, es verdaderamente extraño.

Pero la explicación es muy sencilla: Creo en el Dios que creó todas las cosas y en este momento estudio el Islam. En la mayoría de las ocasiones la gente se queda con la idea errónea de que somos musulmanes o que queremos serlo.

En esta ocasión me quisieron enseñar un poco sobre cómo ser musulmán, y cuál es la forma de ingresar a las filas del Islam. La mujer me dijo, “Bueno si quieres ser musulmán tienes que…” –¡y sonreía como que le daba vergüenza!—pero siguió diciendo, “bueno… es que me da pena, no sé cómo decirlo...” —y hacía señas a los demás pidiendo que le ayudaran. “Es muy vergonzoso,” continuó, y con señas me trataba de explicar lo que quería decir. 

Desde luego le entendí claramente aunque dijo la palabra en indonés que no entendí: mengkhitankan. Finalmente me dijo: “¡untuk masuk agama Islam harus mengkhitankan, harus potong kulit khitan!” (Para entrar a la religión del Islam tienes que circuncidarte, tienes que cortarte el prepucio) y ¡a la vez que me decía con palabras me hacía señas con los dedos como si fueran tijeras!

¡Yo sólo me quedé pensativo... pero muy pensativo! Volteé con mi esposa con mis ojos muy abiertos, ¡pero ella no comprendía lo que esta mujer quería hacerme! ¡Más le vale!

Luego Pak Emen, que es una persona con algo de prudencia, habló rápidamente dirigiéndose a Ibu Dewi, pidiéndole que se callara. Él se dio cuenta que no era un tema que tenía que ser tratado por mi vecina ¡y mucho menos cuando apenas teníamos desde la noche anterior de conocerla! 

Para amortiguar un poco la plática, de tan mal gusto para mí, Pak Lilih me continuó explicando que él conocía a la persona indicada para hacer el trabajo y que no era doloroso y era muy rápido y me hizo la seña con las manos como si la persona se encontrara a solamente algunas casas de distancia. 

Siguió explicando que esta persona, “Era profesional, discreta, lo respaldan muchos años de experiencia” (¡o prepucios más bien!). La verdad es que no sabía si reírme o ¡salir corriendo por mi vida! Desde luego que creían que no sabía nada de la circuncisión y de hecho me preguntaron que si comprendía lo que estaban hablando. 

En ese momento el Espíritu Santo me iluminó de tal forma que les contesté, “Claro que sí, en el libro santo antiguo (Pentateuco para los musulmanes) dice que Abraham y su hijo fueron los primeros en circuncidarse y también les afirmé que entendía lo que era la circuncisión.

Después de haber yo citado la palabra de Dios ellos se quedaron un poco sorprendidos—¡y la verdad yo también! 

Gracias a la misericordia de Dios, todo salió bien. Ellos nos anotaron “ninguna religión”, y yo no sufrí ninguna operación. Además ellos quedaron convencidos de que creemos y tenemos un Dios que creó todas las cosas y que El dio la orden a Abraham de circuncidar a los hombres de su pueblo para que sirviera como señal del pacto entre Abraham y Dios. Con esto ellos saben que conocemos la escritura. 

En cuanto tuve la oportunidad fui a buscar la cita bíblica para confirmar si lo que les dije era correcto. Cuando leí el texto, le di muchas gracias a Dios, porque El (Su Espíritu Santo) me lo había traído a la memoria.

Ya se corrió la voz y ahora toda la gente de aquí sabe lo que pasó en esa ocasión. Ya estamos registrados en su libro como miembros de la comunidad, pero más importante, ahora tenemos una buena entrada con todos. 

Aquí en Indonesia—el país con el mayor número de población musulmana nivel mundial—estamos comenzando algo que va a crecer y crecer y crecer. Sabemos que no será fácil pero también sabemos que para Dios no hay imposible y que los musulmanes están en el corazón de Jesús, pues El no quiere que nadie se pierda, sino que vengan al arrepentimiento. El que hace siempre lo imposible es Dios, sólo queremos estar en el lugar y en el momento para serle útiles.

www.comimex.org