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Tsunami: ¡La Gente Es Rara! 
por Marcos Schultz

“Él llama a las aguas del mar y sobre la faz de la tierra las derrama: Jehová es su nombre.” (Amós 9.6)

La gente es rara, ¿te has dado cuenta? A veces platica acerca de cómo quieren morir, quieren darse el lujo de escoger. Por ejemplo uno dice, ‘Yo quiero morir de viejo, en la cama.” Otro argumenta, “Yo no. Yo quiero morir en un choque, porque así no sufro.” ¿Y cómo sabes tú que uno así no sufre? Ya lo calaste, ¿has muerto en un choque alguna vez? 

Aún otros prefieren un ataque cardiaco que el SIDA (aunque a nadie le gusta el SIDA ¡pero muchos sí están encantados con el camino que lleva a el). 

¡Óigame!, la muerte no es como los tacos, que puedes escoger—“quiero de asada con mucho guacamole y nada de cebolla”.

La gente es rara.

De todos modos la forma en que mueres poco importa. Donde vas después de la muerte—esto es lo importante. Pero me desvié de mi tema.

Hace poco sucedió uno de los catástrofes de más magnitud de toda nuestra época. Todavía están contando los cadáveres. Ya mero llegan a 200 mil. La historia fue marcada en septiembre de 2001 cuando murieron algunos 3000 en las Torres Gemelas. ¡Pero hoy hablamos de 65 veces más muertos en el sur de Asia! Hace días tú y yo nunca habíamos escuchado la palabra tsunami. Ahora nuestro enfoque ha sido capturado por el.

La gente es rara.

Estamos con la boca abierta porque murieron tantos. Y luego luego los Interpretadores De Dios empiezan a formular opiniones: “Esto sucedió como castigo de Dios porque casi todos los países afectados son islámicos.” Otra: “En aquellos países hay mucho tráfico de niños para prostitución. Muchos europeos van a esas áreas para comprar o rentar niños para actos obscenos. ¿Te diste cuenta cuánto de los muertos eran europeos? Les cayó el juicio de Dios.”

Yo me retiro de la plática, gracias. Los amigos de Job, en la biblia, se creían buenos intérpretes de los intentos de Dios. Pero, a pesar de abundante palabrería, nunca le atinaron. Sino al final de cuentas tenían que tragar sus propias palabras después de una buena regañada del Altísimo. 

La gente es rara.

Con todos los que les dio cran el tsunami con un poco de resbalar las placas tectónicas y sacudirse el mar, con todo el asombro que causó en los que miramos por el televisor, el hecho es que todos los días mueren un promedio de 149,547 seres humanos. Y alrededor de 133,000 de ellos van a una eternidad en el infierno. De 200,000 almas que quizá se perdieron en el tsunami, se estima que 194,468 no conocían a Dios.

Ahora yo no sé de ti, pero cuando se trata de escoger mis tacos, yo prefería morir en la ola que vivir en las llamas. Lo peor no es que murieron tantos. Lo peor es que tantos de ellos fueron al infierno. No, retiro lo dicho. Lo peor es que tantos fueron al infierno—y tantos van todos los días—cuando no tienen qué. Lo malo es que tú y yo hemos recibido órdenes de Dios y no las hemos obedecido. 

La gente es rara. Pero los más raros de todos somos los cristianos. Tenemos la vida echa, tenemos un Papi que tanto nos ama, tenemos el Manual De Instrucciones en la mano, tenemos el Espíritu de Dios radicando adentro, pero ni aun así le hacemos caso a Dios.

Dios nos llama a las naciones. Nos llama porque somos la única defensa para los indefensos, contra las llamas del infierno. Nos llama a nosotros porque tenemos la única respuesta para un mundo en búsqueda. Nos llama a nosotros porque en nuestros corazones radica el remedio.

Indonesia te espera, Sri Lanka te espera, Tailandia te espera, India de espera, Somalia te espera, Malasia te espera. Esperan una ola de mexicanos que llegan armados de Biblia y Amor de Dios. Armados de Valentía y Coraje. Armados de obediencia y entrega.

Te esperan. z

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