La Mies es Mucha – Anécdotas Misioneras por Marcos Schultz

1. El Mundo es Pequeño – El mundo es pequeño.  Hace un día y medio me encontraba en Ensenada, México. Con 15 horas de vuelo llegué a Hong Kong, una ciudad de chinos. En el transcurso del vuelo cruzamos la línea de cambio de día y brincamos de un día al otro, así nomás. No sé como funciona eso. Pero lo que sí sé es que después de caminar las calles de Hong Kong todo el caluroso día de hoy, ahora me encuentro en Manila, capital de las Filipinas. El reloj dice que son las siete de la tarde, pero mi cuerpo me dice que son las cuatro de la madrugada. Tengo quién-sabe-cuantas-horas amanecido y mi cuerpo grita “duerme ya” pero no puedo porque pronto tengo otro vuelo, ahora hacia Papua Nueva Guinea, cerca de Australia.
A las seis de la mañana estaré en la capital de aquel país y en la tarde, si Dios quiere, dentro de la selva. ¡Todo en un par de días! ¡El mundo sí es pequeño! (¡Una vez salí de Honduras un domingo por la mañana, volé a El Salvador, luego Guatemala, luego DF, luego Tijuana, y llegué a Ensenada a predicar en la tarde!) ¡Así de pequeño es el mundo!

Hoy en Hong Kong probé una bebida nueva— “agua de frijol rojo.” ¿Suena rico? La verdad es que sí me agradó. Tenía literalmente frijoles rojos. Interesante…
En el vuelo me dieron de comer sopa de vaso—¡con palitos! Yo todavía batallo para comerla con tenedor o cuchara—¡es todo otro rollo con palitos! En la mañana la aeromoza me preguntó si prefería desayunar hotcakes o “country” —por lo menos así entendí yo. Siendo medio vaquero escogí country. ¡Pero cuál country! La señolita (chino para “señorita”) me estaba hablando en chino. Lo que me trajo tenía más bien semejanza a mocos blancos. Imagínate—un platote lleno de mocos con un poco de pescado frito por encima. Recuerdos del caldo morado…

En Hong Kong aprendí a leer mi primera palabra en chino: “salida.” Se escribe con una “E” mayúscula acostada sobre su espalda con otra “E” encima de ella, luego una “O” cuadrada con patas. Por lo menos así se me figuró. (Recuerdo cuando no sabía distinguir entre letras árabes y letras hebreas. Pero con un poco de tiempo en Egipto y luego en Israel, ya las veo muy distintas. Al cabo que mi yerno egipcio no me va a dejar ser un ignorante en su idioma. Yo les llamo por teléfono al Cairo—a él y Kim—y les digo “Isme Baba, Alhamdulilah.”—Soy su papá, gloria a Dios.)

Hablando de yernos (tema muy triste) ahora el hijo Jasón se quiere casar. Siendo que mi futura nuera es de Puebla, yo pensaba que ahora sí nos iba a tocar comer mole poblano (mejor que el mole de camello que se sirvió en la boda de Kim) pero parece que siempre no. Pero como Jasón es Schultz y los Schultz’s no profesamos hacer nada a lo normal, él y la afortunada quieren casarse en Israel. Creo que estaremos festejando con mole de falafel.

Pero regresando al tema (jmmm, ¿tengo tema en todo esto?— o sí, que el mundo es pequeño)—si es tan pequeño me pregunto ¿cómo es que no hemos terminado de saturarlo con el evangelio?
à ¿Por qué es que los chinos de Hong Kong prenden velas rojas sobre la banqueta afuerita de sus lugares de negocio? ¿Cómo es que después de 150 años de presencia británica todavía no han conocido a Jesús?
à ¿Por qué es que aquí en las Filipinas, y allá en Papua Nueva Guinea, hay tribus que aún no han sido alcanzadas con las buenas nuevas?
à Vaya, ni tenemos que ir tan lejos—nuestro propio México tiene bastante grupos étnicos no alcanzados.

Lázaro y el Rico
La historia de Lázaro y el Rico menciona que Lázaro estaba en la puerta del rico. Pasaba hambres mientras migajas caían de la mesa del rico en sus espléndidas fiestas. Por eso cuando Padre Abraham después rehusó mandar ni siquiera una gota de agua para el rico ya en tormentos, basó su respuesta negativa sobre el trato (o la falta de trato) del rico hacia Lázaro.
Hoy en día el mundo es tan pequeño que el grupo de personas mas retirado de nuestra casa está—a la vez—en nuestra puerta.
Seremos llamados a dar cuentas por lo que hicimos—o lo que no hicimos—con ellos.

No sé tú, pero yo les voy a llevar el evangelio.

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2. LAS TRIBUS DE LAS SELVAS
Brindemos con un Plato de Caldo Morado

En mis viajes a diferentes partes del mundo he comido caimán, chango, rata de la selva, casabe hecho en secucán, aish, wara ainab (arroz árabe en hojas de vid), y gusano doradito. He cenado chilacayote con los ixiles, guamas con los yanomamös, y pejevalle que crece junto a los ríos de la Amazona. Hay ciertos llamados amigos muy patriotas quienes me acusan de no comer menudo pero son puras calumnias, tú no les creas. Pero para comer a gusto llévame a Tecate, BC, en mi amado México—frente al parque, para los mejores tacos del mundo, o yo te llevo a Chajul en la sierra de Guatemala para comer bochboles, o vamos a Boston, mi tierra hermosa, para probar la berenjena parmesiani de mi tía María. ¡Eso sí es comer!
No me mal entiendas, no es que soy muy comelón (ni tragón como dicen mis hijos), pero tampoco te trataré de convencer que los kilos demás que cargo vienen por mi amor al ayuno. Pero lo peor que me ha entrado, por un breve momento de falta de sabiduría, fue en mi primera visita a los yuanas. Fue así…

Año: 1990.
Lugar: Caño Iguana, Selva amazónica, Venezuela.
Se abre el telón….
Aparece un joven guapo, visitando la selva por primera vez, desde la tierra fina de México. Sale de una choza para “platicar” con los yuanas. Los yuanas no hablan español, y este joven y guapo visitante no habla yuana. Pero ¿para qué fijarse en pequeñeces?
El joven guapo vio un grupo de yuanas sentados en círculo, todos tomando algo de una olla que estaba en medio de ellos. No es que el visitante fue algo metiche, pero sí practicaba un cierto interés transcultural, y llegó a echar un vistazo sobre el contenido de la olla. “Jmmmm,” se dijo profundamente. “Morado. Jmmmm.”
No todos los días le ofrecen a uno probar un caldito morado en medio de la selva. Y aunque nadie se lo ofreció, él tuvo el valor cristiano para invitarse solo. “Juchi juchi cuchi cuchi,” contestaron los yuanas. (Bueno así escuchaba el dicho joven aquella lengua yuana, para él un juchi era igual a un cuchi). “No no no,” dijo el visitante. “No juchi ni cuchi, ni tan codo. Denme a probar el caldo morado.” En este momento de falta de auto-control, a nuestro héroe se le olvidó la historia de Jacob, y todo lo que perdió por codiciar un guisado de lentejas.
Pues, continuando con el relato, un hombre yuana, con una sonrisa vil y astuta, le sirvió un plato del caldo morado a nuestro amigo. El héroe había dado a entender por medio de señas que quería probar un poco del caldo. Todo mexicano sabe que poniendo el pulgar y el dedo apuntador a unos 2 cm. uno del otro significa un poco. ¡Pero creo que para los yuanas significa un guatatal! ¡Porque me llenaron el plato hondo hasta arriba!
Lo probé. ¡Guácatelas!
Cosa horrible.
Solamente porque soy cristiano me acabé el plato de caldo. Y solamente porque Dios tuvo misericordia de mí no quedé muerto allí mismo.
Después fui con mi amigo el misionero. “Esteban,” le dije seriamente, “ahora fui con tus gentes y comí cierto caldo moradito. Dime, ¿qué fue?”
“¿No tenían unas raíces grandes a un lado?” me interrogó.
“¡Sí” le aseguré.
“¿Y no habían unos machetes también?”
Otra vez le había atinado (son muy inteligentes los misioneros). “Así es,” le dije.
“Oh Marcos, ¡no me digas que lo tomaste!”
Una vez más sentía la calma dejándome, y la falta de auto-control llegando sobre mí como un torbellino. “Esteban, sí lo tomé. Ahora dime, ¿qué fue?”
“Bueno,” empezó mi amigo, como si hubiese estado hablando con un niño de 10 años, “los yuanas mochan pedazos de la raíz de la yuca y luego lo mastican, y lo mastican, y lo mastican más, todo el tiempo soltando mucha saliva. Cuando ya tienen la boca muy llena de saliva todos escupen en la misma olla. Luego mochan más, mastican más, sueltan más saliva, y escupen otra vez en la olla. Siguen así hasta llenar la olla. Esto, Marcos, fue lo que comiste.”
Jmmmmm, ¡y todo por tener interés transcultural y querer recopilar datos para, en un día futuro, escribir un libro!

Pero ahora, febrero de 1999, tengo noticias de los mismos yuanas, del mismo pueblo de Caño Iguana, que es mucho más interesante de que si yo comí saliva o lo no comí. Es que, apenas hace unos 10 días, uno de esos yuanas llegó a ser el primer cristiano yuana de toda la historia. Treinta años después del primer contacto con esta tribu primitiva, 29 años después de que los primeros misioneros entraron a vivir entre ellos, 15 meses después de que los yuanas empezaron a escuchar el relato bíblico—en una forma organizada y cronológica—de la creación del hombre, su caída, el amor de Dios para él, y la venida del cordero que quita el pecado del mundo. Ahora un varón Yuana—llamado Laleyo—reconoció que tenía que confiar en Jejtu—el hijo de Dios—para el perdón de sus pecados.
Ahora ya estamos un poco más cerca al fin de todo, porque Jesús dijo en Mateo 24.14: “Será predicado este evangelio … a todas las naciones, y entonces vendrá el fin.” Ahora estamos más cerca a lo que Juan vio en el cielo en Apocalipsis 7.9: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono, y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos.”

Es hora de celebrar. ¡Hasta me da ganas de hacer un brindis de celebración, brindis del caldo morado de saliva! ¡Poco a poco estamos tomando a las naciones por Cristo!

Pueblo Mexicano, manos a la obra. Porque por ahí hay un grupo que te está esperando a ti, para que les lleves buenas nuevas. Están listos para servirte un platillo de piernas de tarántula, o hígado de tigre, u ojos de piraña. O quizá un caldo morado de saliva. De cualquier manera, ¡vale la pena!

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3. Los Yuanas de Venezuela 
En la Selva Amazónica

En la selva se escucha por lo regular, el susurro del viento acariciando los árboles, la risa alegre de los arroyos, y el canto lindo de los pájaros. Pero el sonido que oíamos aquel día era espantoso, feo, horrible. Mi esposa y yo nos encontrábamos en la selva amazónica, entre la tribu yanomamö, en el pueblo de Yajanamateri. Nos esforzamos para identificar el sonido extraño que procedía de la larga choza al otro lado del pueblo.
“Están teniendo algún tipo de ceremonia,” nos dijo la misionera. “¿Te atreves?” me preguntó. “¡Vamos!” le dije.
Los yanomamös son un pueblo feroz de unas 20,000 personas que viven en la Amazona entre Venezuela y Brasil. Son sumamente violentos. Más del 25% de los hombres mueren por acto de violencia. Una muerte que no es vengada es una muerte sin honra. Aun si alguien muere por enfermedad o por accidente la culpa siempre la tiene alguien. Algún enemigo puso una maldición, algún chamán hizo brujería. Alguien tiene que pagar. Alguien tiene que morir.
Al entrar a la ceremonia ese día, la choza estaba oscura, el aire pesado, denso, y lleno de humo, al igual que todas las habitaciones yanomamös. Pero más que solamente en lo físico, se sentía una opresión espiritual viscosa, y una presencia que llenaba la choza. La oscuridad se podía palpar.
Cuando entré, los indígenas se espantaron y detuvieron su canto. Una mujer enferma yacía en una hamaca. Los yanomamös, con su brujo, estaban llamando a los espíritus, buscando la sanidad de la mujer. Para conectarse con los espíritus, los hombres se pasaban la pipa de yopo. Yo lo había visto antes en otros viajes a la Amazona, y no es algo bonito. Meten la droga en una caña de un metro de largo. Un extremo se coloca en la boca del primero, y el otro extremo en la nariz del segundo. El primero sopla fuerte y rápido—la loquera es instantánea y asquerosa. El de la nariz empieza a brincar, a toser, a escupir y babear—todo a la misma vez.
El brujo estaba manejando el rito. Yo le había conocido el día anterior. El se llama Marcos, igual que yo, y él había estado contentísimo al conocer un tocayo. Pero los yanomamös me llaman Wörösöcoin, que quiere decir el hombre de la quijada peluda. Es raro ver una barba entre ellos, entonces yo soy algo de novedad.

Hoy Wörösöcoin era un intruso en la ceremonia. Los ancianos empezaron fuertemente a protestar contra mi presencia. Un hombre preguntó, “¿Quién es este?”, apuntando hacia mí con un dedo torcido. Otro opinó, “El no debe de estar aquí”. Y un tercero concluyó con broche de oro: “Vamos a matarlo”. De ahí empezaron a tramar sus planes. ¡Y mi amiga la misionera me estaba traduciendo cada detalle de la conspiración! ¡No se me hizo muy amigable!
Mientras la situación empezaba a ponerse color de hormiga, yo temía que hasta aquí iba a llegar yo. Adiós, mundo, ¡estos guerreros feroces estaban listos para colgarme los tenis! Fue el brujo quien se puso de mi lado. “Está bien,” les dijo estrictamente a los demás en yanomamö, “El es Marcos.” Siendo que él era el brujo y que él era el mero mero de la ceremonia, su defensa fue más que suficiente para asegurarme no solamente la vida, sino, también, un lugar en primera fila de este espectáculo extraño.
Ya que el brujo anunció su decisión a mi favor, los hombres quitaron su vista de mí para una vez más atender al asunto de la enferma. Fumaron más yopo y empezaron a danzar y a cantar, a brincar y a gritar. Clamaban a los espíritus para que sanaran de la mujer.
Sus espíritus no les contestaron esa vez, pero no crea que siempre es así. Los espíritus les dan gusto a las personas de vez en cuando para mantenerlos en tinieblas. Aun hasta la fecha, siento una tristeza inmensa al considerar qué tipo de travesuras se le ocurre al hombre para intentar llenar el vacío que está en su alma. ¿Pero qué más conocen? Si no han escuchado de Jesús, ¿qué esperanzas tienen?
Y como los yanomamös, hay muchas otras tribus, muchos grupos, muchos pueblos. La pregunta del Señor sigue siendo la misma, “¿A quién enviaré, quién irá por nosotros?” (Isaías 6.8). Solamente la respuesta ha cambiado a través de los siglos. Isaías contestó, “Heme aquí, envíame a mí.” Pero muchos hoy en día prefieren decir “Alguien más puede, yo no soy llamado.”
Mientras tanto, los yanomamös—y millones de otros—seguirán matando, seguirán clamando a los espíritus, seguirán entrando a una eternidad aún más oscura que la vida que hoy viven.
“¿Quién irá?”

> > Temor en la Selva

Nos habíamos bañado en el Río Ventuari, a la orilla del pueblo de Marueta, en la selva amazónica de Venezuela. Bañarse en un río en la selva siempre es una aventura por las muchas pirañas que hay. Me han dicho que el truco es no quedarse quieto sino siempre estarse moviendo. No sé, pero hasta la fecha sí ha funcionado. . .
Después fuimos a la choza a disfrutar la tarde y platicar con los misioneros que estábamos visitando cuando de repente llegaron algunos de los indígenas corriendo—todos emocionados, todos hablando a la vez. Algo los tenía muy preocupados.
“¿Qué pasa?” pregunté a una de las misioneras.
“Tenemos que quitar los shorts del tendedero,” me contestó.
“¿Por qué?” pregunté yo.
“Por la pica pica.”
“¿Y qué es pica pica?”
“Los macos dicen que cuando uno deja su ropa afuera, los espíritus vienen en la noche y le echan pica pica. Cuando uno vuelve a usar esa prenda, o se enferma o se muere.”
Todo esto se oye un poco ridículo, pero he aprendido que cuando los indígenas hablan de los espíritus, saben de lo que hablan. Viven en un constante temor de los espíritus.
En el mismo pueblo vive la ancianita Cwa’no. Cuando era joven, un hombre de otra tribu le propuso matrimonio a Cwa’no—cosa no muy común entre tribus distintas. Pero ella se negó. El fue con su chamán para que le pusiera una maldición. Resultó que ella ahora, cuando se pone de pie, está tan doblada que su rostro está apenas unos 40 centímetros del suelo.
Sí, cuando los indígenas hablan de los espíritus, saben de lo que hablan.

Dondequiera que vaya uno en la selva, encuentra gente que vive en temor—en temor de los espíritus, en temor de la venganza, en temor de la muerte.
Los yuanas, por ejemplo, nunca brincan sobre un solo pie. Saben que si uno brinca sobre un solo pie los espíritus vendrán en la noche a sacarle un ojo. Si les preguntas por qué creen tal cosa, te dirán, “Porque muchas veces lo hemos visto.”

Los nakuis de Papua Nueva Guinea “saben” que cuando muere uno, su espíritu sale de noche para tomar a otra persona. Por eso las madres amarran a sus hijos en sus hamacas de noche.

Los maquiritares hacen tejido de palos en las ventanas de sus chozas para que los espíritus no puedan entrar. Y cuando una víbora muerde a un maquiritare él tiene que matar la víbora y enterrar la cabeza en el mismo lugar, si no lo hace y la persona muere de la mordedura, su cuerpo se volverá en muchas víboras.

Los yanomamös “saben” que cuando nacen gemelos uno de ellos es un ser humano y el otro es un espíritu—haciéndose pasar por humano. De ninguna manera quieren los yanomamös permitir que un espíritu viva entre ellos. Entonces, al nacer los gemelitos alguien llama al chamán. Él mira a las criaturas y señala con el dedo de la muerte al que es espíritu. Entonces la abuelita, o el padre, o quizá la misma madre, toma al niñito recién nacido—tal vez tendrá dos horas o solamente 20 minutos de edad—lo lleva afuera de la casa, a la selva, y con un movimiento ligero golpea el cráneo del bebé contra el tronco de un árbol. Así muere el que fingía ser humano. La gente ya no tendrá que vivir en temor de ese espíritu.
Los yanomamös también “saben” que es necesario quemar todas las pertenencias de un difunto, de otra manera aquella persona nunca podrá descansar bien en la muerte. Por lo mismo, muchos yanomamös no permiten que uno les tome fotografías, porque creen que esas fotos no les permitirían descansar bien al morir. Cuando mi esposa y yo estábamos en Parima en la Amazona, una mujer yanomamö se dio cuenta cuando mi esposa le tomó una foto. Para cobrar la ofensa, aquella mujer se acercó a mi esposa y le dio un golpe fuerte en la frente.
Sucedió una vez que un joven yanomamö falleció y llevaron el cuerpo fuera de la aldea para construir una repisa de troncos. Amarraron el cuerpo sobre la repisa para dejar que se pudriera, como es costumbre. Pero resultó que el joven no estaba muerto y cuando despertó y se dio cuenta que estaba amarrado comenzó a gritar y a clamar socorro. Pero ningún yanomamö se atrevió a rescatarle porque temían que no era él—sino un espíritu que se le parecía. Y allí quedó el muchacho expuesto al calor, a los insectos, a la sed, y a las bestias de la selva, todo por el temor.

Los macos, los yuanas, los nakuis, los maquiritares, y los yanomamös no saben que no deben de temer a “los que matan el cuerpo mas el alma no pueden matar” sino a “Aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” Ellos—y muchas otras tribus no alcanzadas—tienen que temer a aquel Dios que es “fuego consumidor.” Pero si no saben, ¿como lo harán? Seguirán viviendo (y muriendo) en temor de los espíritus.

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4. ¡Qué Tontitos!

De niño era muy tontito. Me creía cualquier cosa.
Recuerdo una vez que nos visitaron mis primos y fuimos a la laguna atrás de la casa. Más bien era pantano, pero le voy a llamar laguna para que no lo imaginas más feo de lo que fue. Como niños teníamos asuntos importantes en la “laguna” —asuntos como ranas y renacuajos, asuntos como ardillitas y víboras. Estábamos presumiendo a los primos nuestro alto nivel social—no todo el mundo vive cerca de un pantano …digo, ¡laguna!
Pero luego mi hermana pisó un nido de avispas. Parecía la Segunda Guerra Mundial. Salieron las avispas como kamikazes para atacar. A mi amada y admirada hermana le picaron 22 veces. Se fue corriendo como relámpago a la casa—se fue gritando y girando. Valeria me gana por tres años, era el amor de mi vida. Ella era mi protectora y mi héroe. Al verla llorando así, yo sabía que se iba a morir. Bueno, yo pensaba que se iba a morir. De niño, fui tontito. Creía cualquier cosa.
Todo el mundo se juntó alrededor de Valeria. Pero yo era el que estaba en agonía. ¡Yo iba a perder a mi hermana mayor! Yo estaba seguro.
Luego mi primo me vio. Solamente un niño igual de niño, igual de inocente, igual de tontito podía entender el terror en mi rostro. “Marcos,” me aseguró, “No te preocupes, Valeria no se va a morir.”
¿A poco no? ¡Qué noticias maravillosas e increíbles!
Fui tontito, creía cualquier cosita, ¡hasta cuando alguien me dijo la verdad!
Los iteris son tontitos
Los iteris de la selva de Papua Nueva Guinea son tontitos. Creen cualquier cosa. Los iteris creen que el que hizo el mundo era un hombre gigante llamado Omo. El caminaba por la tierra anunciando “Vivirán, vivirán,” pero como la gente le tenía miedo él se enojó y gritó, “Morirán, morirán.” Es por eso que ahora la gente muere.
Los iteris también creen en Lemo—el espíritu del trueno. Creen que vive en la nubes y cuando tiene hambre busca un alma en el lago donde están las almas de los hombres. Cuando halla un alma la come y luego levanta sus brazos y grita. Abajo de sus brazos tiene luces. Los gritos de Lemo son los truenos y las luces son los relámpagos. Los iteris creen que cuando hay una tormenta alguien va a morir, porque Lemo acaba de comer el alma de alguien.
Los iteris, cuando oyen truenos, tiran flechas hacia arriba para hacer huir a Lemo. ¡Qué tontitos los iteris!
Los maquiritares son tontitos
Los maquiritares de Venezuela son tontitos. Creen cualquier cosa. Creen que las estrellas antes eran jaguares. Los maquiritares creen que hace mucho tiempo la gente de un pueblo perseguía a algunos jaguares quienes subieron a los árboles para escaparse de los cazadores. De allí brincaron al cielo y se volvieron estrellas.
Los maquiritares creen que los hombres antes eran murciélagos y que la luna te come en la noche si caminas a solas en la selva. Ellos creen que los varones antes se embarazaban en el muslo de la pierna pero como era muy difícil cazar así, Dios hizo que mejor las mujeres se embarazasen. ¡Qué tontitos los maquiritares!
Los wounaan y los yukpas son tontitos
Los wounaan viven en la selva de Panamá. Son tontitos los wounaan. Creen cualquier cosita. Ellos creen que el piso del cielo está en llamas y los hombres malos lo cargan sobre sus hombros. Ellos creen que los hombres buenos están en este cielo de llamas, pero sólo Dios no está allí.
Los yukpas creen que cuando alguien muere, el espíritu del muerto sigue presente en el área. Todos los vivos tienen que abandonar la choza, ¡hasta los vecinos abandonan las suyas! Los yukpas entierran todas las pertenencias del difunto porque si alguien las toca, pronto morirá también.
¡Qué tontitos los wounaan y los yukpas!
Los yanomamös son tontitos
Los yanomamös viven en la selva amazónica. Son tontitos los yanomamös. ¡Creen cualquier cosa!
Los yanomamös creen que cada vez que se pone el sol, este sol se desaparece para siempre. En cada amanecer nace un sol nuevo.
Los yanomamös creen que cuando alguien muere va a un lugar de mucho frío. Pero primero camina por una vereda en la selva. En una “Y” de la vereda, sentado en un árbol, está sentado un hombre chaparro y feíto. Este hombre se llama Wacabole. Wacabole te pregunta si fuiste bueno o malo. Paro los yanomamös “malo” significa ser tacaño o haber estado involucrado en relaciones incestuosas. Así de sencilla es la lista de pecados para los yanomamös.
Si hiciste bien Wacabole te permite tomar la vereda al cielo, donde están los truenos. Si no calificas tienes que ir por la otra vereda—al infierno del frío. Pero hay esperanzas… Si agarras a Wacabole dormido (¡Wacabole a veces es tontito también!) puedes hacer la fuga a la vereda que da al cielo.
Para que los muertos puedan descansar bien en su muerte, los vivientes tienen que hacer su parte también. Después de quemar al cuerpo y todas las pertenencias del difunto, los parientes tienen que recoger los huesos, molerlos, mezclarlos en una bebida de plátano, y luego tomarla.
¡Qué tontitos los yanomamös!
¡Hasta que alguien les diga la verdad!

En realidad yo no fui tontito, sino fui niño. Y por ser niño ignoraba muchas cosas hasta que alguien me dijo.
En realidad ni los iteris ni los maquiritares ni los wounaan ni los yukpas ni los yanomamös son tontos. Sino son no-evangelizados. Y por no ser evangelizados ignoran muchas cosas. Y seguirán ignorándolas hasta que alguien les diga la verdad.

Una vez que mi hijita miró unos jóvenes chupándole duro a la botella en la esquina de la calle, y haciendo cosas que jóvenes tomados acostumbran hacer, mi niña de tres años me preguntó, “¿Papi, por qué están haciendo eso?”
“Es porque ellos no conocen a Jesús,” le contesté.
“¡Qué tontería!” me dijo. “¡Qué tontería que nadie les ha hablado de Jesús!”
Rebecca, estoy de acuerdo contigo.

El mundo está lleno de gente que ignora la verdad. Ignoran la verdad porque—en muchos casos—nadie ni les ha hablado de Jesús. En el planeta somos 6 mil millones de almas. Más de 2.8 mil millones no saben nada de Jesús. Cada día mueren unos 82,000 personas y entran a una eternidad sin Cristo.
Su única esperanza es que la Iglesia de Jesús se levante para ir a las misiones. ¿Quién más les va a poder decir la verdad, si no somos nosotros?

¿Hasta cuándo no iremos a decirles?

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5. Un Día en la Vida de un Pueblo Yanomamö

Los yanomamös de la selva amazónica son la gente más feroz con quien yo me he topado. Uno de cada cuatro muere por acto de violencia. ¡En el pueblo de Yajanamateri me querían matar a mi! A mi, ¿lo puedes creer? ¡A uno tan buena gente como yo!
Los yanomamös aplican sus mocos a los pelos parados del prójimo. Esto sí marca un peligro para mí porque soy más chinito que Celia Cruz. Los yanomamös eliminan a uno de cada dos gemelos que nace, porque sólo uno es ser humano—según ellos—y el otro es espíritu. Eliminarlo es sencillo. El brujo indica cual es el espíritu, alguien toma al recién nacido y lo saca de su shábano y tira la cabecita contra un árbol. Así de sencillo.
Otra estrategia distinta que tienen es su forma de pedir la mano de una muchacha. No se la piden, sino la jalan. Y no tanto la mano, sino todo el brazo. El hombre se fija en una muchacha que le agrada—y tanto mejor si él le cae bastante mal a ella—y toma su brazo y la jala. Esto significa, “¿Te quieres casar conmigo?” en yanomamö. El papá y los hermanos de la muchacha la agarran por el otro brazo y la jalan ellos. Esto significa, “No, Bobo, ella no quiere casarse contigo.”
El jala, los otros jalan. Los amigos de él jalan con él, los parientes de ellos jalan con ellos. La “novia” puede ser una niña. Un hombre de edad puede tener una esposa de doce, de ocho, o de seis años. Todo se vale para el hombre yanomamö porque una mujer es una propiedad que no vale nada.

Hace poco, entre los yanomamös de Parima (en Venezuela, cerca de la frontera con Brasil), hubo un incidente feo. Una joven llamada Läablaimi—esposa de un hombre de mayor edad—abandonó su pueblo y a su marido para irse con otro hombre más joven. Esta mujer era una de dos esposas que tenía este varón. La otra es hermana de Läablaimi.
El marido persiguió a la joven hasta el pueblo de Pabloteri y cuando la encontró él y sus amigos la empezaron a jalar. Esto no era “¿Te quieres casar conmigo?” sino, “Eres mi mujer, vamos a casa.” El segundo varón y sus compañeros jalaron la muchacha para el otro lado. Todo empezó a las siete de la noche. Terminó con la salida del sol.
Durante todo esto tiempo los hombres sacaron sus corajes pisando a la mujer, brincando sobre ella, pateándola, pegándole, y abusando de sus partes privadas. Estos “jalones” suelen suceder una vez por mes, y la muchacha termina negra por los golpes, a veces su piel es arrancada, o sus brazos quebrados. En este caso, el primer marido terminó el jaloneo ahorcando a su mujer. Luego salió el sol. Salió para todos, menos para ella.

Läablaimi estaba embarazada. También murió el bebé en su vientre.

La etiqueta de la cultura yanomamö demanda la venganza por la muerte de la muchacha. El marido, y su familia, tenían fama de ser responsables por muchos males. Mordidas de culebras, muertes de niños, abortos, enfermedades y muertes habían sido atribuidos a su hechicería. Ahora llegó el día de pago.
Entonces 100 hombres de otro pueblo atacaron a los hombres de Pabloteri. Quemaron el shábano donde habían buscado refugio, y cuando los de Pabloteri salieron huyendo de las llamas, los guerreros dejaron volar sus largas flechas.

Otro día en la vida de un pueblo yanomamö.
Unos mueren, otros matan. Unos nacen, y otros indican que si pueden seguir con vida o se irán contra el árbol.

Otro día en la vida de un pueblo yanomamö.

Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a Su mies. (Mateo 9.38)

Y nosotros, ¿qué hacemos?
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6. Y Retiemble en su Centro la Tierra

Los yanomamös de la Amazona son guerreros. También se les dice Guaica, que significa “La gente feroz,” y bien que les queda el nombrecito.
Viven para la venganza. Alrededor de 40% de los varones han participado en la muerte de alguien más. Después de que alguien muere, los demás comen los huesos del difunto para que pueda descansar bien en la vida que sigue de la muerte.
Hace poco una esposa joven se fue con otro hombre. El padre de la mujer y el marido fueron a buscarla. Cuando la hallaron, su marido le tiró una flecha larga a su pecho y su padre le mochó las orejas con un machete. Así murió la joven adúltera.
Pero tal asunto no puede terminar así nomás. Los parientes de la muchacha tienen que vengar su muerte. Ellos fueron quienes mataron al marido a flechazos y dieron fin al padre con machetazos. Ojo por ojo, diente por diente, la guerra entre los yanomamös no tiene fin.
Entre los Yanomamös, nadie muere sin que su muerte no haya sido causada por otra persona. Si un tigre mata a un hombre en la selva, la gente va con el chamán para preguntarle quien echó esa maldición. La persona que lo hizo tiene que morir. Los yanomamös viven para la venganza.
Hay varias maneras para ejecutar la matanza. Matar a un guerrero con su propia flecha es un insulto que no cualquiera puede lograr. Otra forma es esconderse todo un grupo de guerreros en la selva hasta que salga el esperado. Si lo hacen bien pueden tirarle tantas flechas que el muerto no cae al suelo, sino queda parado como puerco espín con tantas flechas (de 2 metros de medida) que le tiraron. Las mismas flechas lo mantendrán puesto sobre sus pies. Esto sí es una muerte para festejar.

Pero hablemos de algo más interesante, algo más poderoso todavía—la iglesia de Jesucristo. Jesús dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra Su iglesia. ¡Esto me suena a guerra!
Éxodo 15.3 proclama “Jehová es varón de guerra.” Si El es guerrero, ¡cuánto más nosotros Su iglesia! Por lo mismo el salmista proclama “Bendito sea Jehová mi roca, quien adiestra mis manos para la batalla y mis dedos para la guerra.”
Pero la iglesia no se ve de guerra. Se ve más pachanguera que guerrera. Es bueno celebrar la victoria, pero también es preciso pelear la batalla. No nos ha llamado a calentar banca culto tras culto. ¡Veo al pueblo de Dios con más pompis que poder!
Cosas malas suceden cuando es hora de guerra y uno no le entra. Cuando David debía de haber estado en la guerra, se quedó en casa y fracasó con Betsabé (II Samuel 11.1). ¡Qué Dios nos guarde de ser iglesia mediocre, chillona, o apática!

Hay unos 6 mil millones de personas en el planeta. Más de mil millón de ellos son musulmanes. Una tercera parte de los 6 mil millones vive en sólo dos países—la India y China. Casi la mitad de los seis nunca han escuchado el nombre de Jesús. Estamos hablando de 2,800,000,000 personas que no han tenido la oportunidad de aceptar o rechazar el evangelio de Dios. ¡Cada día 82,000 personas entran a una eternidad sin Cristo!
El profeta Joel (3.9) anuncia:
“Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra.
Despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de guerra.”

Dios está levantando un ejército de mexicanos para entrar a la guerra. Mexicanos valientes, mexicanos entregados, mexicanos aventados. ¡Estos sí son mexicanos al grito de guerra! Estos sí hacen retemblar en su centro la tierra!

Hablando de valientes, encontramos en II Samuel 23 tres valientes de David:
Joseb-basebet mató a 800 hombres en una misma ocasión.
Eleazar se levantó e hirió a los filisteos cuando todos sus compañeros habían huido. Peleó tanto que su mano quedó pegada a la espada. ¡O Señor haz que la espada del Espíritu quede pegada a mi alma! Los que habían huido regresaron solamente para recoger el botín.
Sama se puso de pie en un terrenito de lentejas. Quedó él solo contra los enemigos porque los suyos tuvieron miedo y habían corrido. El solo, de pie, con temor o sin temor, no lo sé. Quizá le encantaban las lentejas, no lo sé. Sólo sé que “Jehová le dio una gran victoria.”
Estos eran los valientes de David.
Otros cayeron. Ellos se pusieron de pie.
Otros huyeron. Ellos se quedaron.
Otros guardaron su espada. Ellos tenían la suya pegada a la mano.
Otros recogieron los frutos. Ellos los produjeron.

Pero una cosa más de los valientes:
“Y David dijo… ¡quién me diera a beber del agua del pozo de Belén que está junto a la puerta!” Belén estaba en manos ya de una guarnición de filisteos.
Pero los tres valientes escucharon a su rey. El deseaba algo. Agua del pozo.. agua del pozo tras la línea de batalla del enemigo. Hay algo de los valientes… aparte de ponerse de pie en vez de caer, aparte de quedarse en vez de huir, aparte de pegarse a la espada en vez de guardarla, aparte de producir frutos en vez de solamente recogerlos—los valientes van donde otros no se atreven ir. Los valientes van donde hay algo que su Rey anhela.
Mexicanos al grito de guerra. Ejército de Dios, tu Rey clama—¡quién Me diera las almas que están en las tinieblas! ¡Quién buscara Mi gloria entre la naciones!

Pueblo de Dios, ¿vamos ser de los valientes o vamos ser de los inválidos? Mexicanos, ¿vamos al grito de guerra, o nada mas vamos a gritar? La iglesia no es club social, no es club campestre. ¡Es un entrenamiento para la guerra!

¿Quienes son los valientes? ¿Dónde están los entregados? ¿Quienes se avientan?

Mil millón de musulmanes te esperan. Ocho mil grupos étnicos te necesitan. La ventana 10/40 te desafía.

Mexicanos al grito de guerra. Es hora de hacer retemblar su centro la tierra.
Ejército mexicano de Dios: ¡Firmes, Ya! ¡Armas, Ya! ¡A las naciones, Ya!

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7. Los Yanomamös de la Amazona
El Hombre Mas Generoso de la Selva

Los yanomamös tienen su propia cultura y también sus ideas. Por ejemplo, ellos están convencidos que los embarazos no son de nueve meses. No saben de cuantos meses son, pero saben que no pueden ser de nueve meses. Ellos saben que el niño se va formando en el vientre con cada acto de relación sexual. Con un solo acto quizá se forma un brazo, con otro se le añade la mano. Poco a poco el niño va formándose. Y una mujer quien tiene relaciones con más de un solo varón tendrá un hijo que tiene más de un solo padre.
Los yanomamös hablan fuerte. Simplemente para expresar una idea gritan y brincan y hacen gestos. ¡Y esto es cuando no están enojados! Pero cuando se enojan, son capaces de todo menos de controlarse. ¡Y son buenos para enojarse! Una mujer yanomamö se enojó con mi esposa por haberle tomado una foto. En un abrir y cerrar de ojos la indígena llegó con mi princesa y le dio un puñetazo en la frente. ¡Así de fácil! Y yo sólo me quedé ahí parado, me sentí como un tonto.
A los yanomamös les da igual matarte o dejarte vivo. Pero lo que es malo dentro de la cultura yanomamö es ser tacaño. Eso sí es peligroso. Eso sí es pecado.

Cuando el misionero Joe Dawson visitó un pueblo yanomamö donde nunca se había presentado el evangelio, el jefe de la tribu decidió de inmediato que iba a sacarle todo lo que pudiese al hombre blanco. El jefe había escuchado acerca de los misioneros y como el Dios de ellos les había enviado a la selva a vivir en los pueblos yanomamös. También había escuchado como aquellos pueblos habían cambiado. Le habían contado al jefe que Joe manejaba una medicina muy fuerte, unas pastillas blancas que casi hacían a la gente regresar de la muerte. El jefe deseaba también tener un rifle como el que Joe tenía. Ser el único en su pueblo con un rifle sería una señal de importancia.
Cuando Joe llegó al shábano del jefe, el jefe lo honró, haciéndole sentar sobre su propia hamaca. El jefe quería saber de los poderes raros y nuevos que Joe manejaba, y del nuevo Dios de quien hablaba. Pero más que nada, quería sacarle todo lo que podía. El jefe sabía que Joe no podía ser tacaño, porque ser tacaño es pecado.
Después de algunas presentaciones Joe llegó al grano: “Estoy aquí para hablarte de Dios, el creador de todo el mundo. Dejé a mi país y vine a la selva para contarte buenas nuevas y para que puedas ir al cielo y no a shobaliwaca.”
¡El jefe se ofendió! ¿Cómo podía este extranjero inferir que él iba ir al infierno? ¡El infierno era el lugar de los tacaños! Algunos de los indígenas expresaron su indignación por el insulto a su líder. El jefe se defendió, “Es que tú no me conoces, Joe. Yo no voy a ir a shobaliwaca. Pregunta a cualquiera, yo soy el hombre más generoso de toda la jungla.” Los otros yanomamös afirmaron la veracidad de su respuesta tirando sus brazos y dando cabezadas.
Joe continuó, “Estoy seguro que esto es cierto, tú eres el hombre más generoso.” El jefe se tranquilizó y se sonrió. “Sí lo soy,” él insistió. “Pídeme algo y verás.” Joe lo miró y le preguntó, “¿Me das tu arco nuevo y algunas flechas?”
“Seguro que sí. Tómalos, son tuyos.”
“¿Y qué de aquella olla de aluminio? ¿Me la regalas también?”
Rápidamente el jefe le entregó la olla.
“Veo que tienes buen perro cazador,” dijo Joe.
Lentamente el jefe respondió, “Sí es cierto.” Ya le estaba calando, pues los yanomamös valoran más a un buen perro cazador que a su propia esposa (¡o esposas!). Toda la gente quedó en espera. Por fin, con orgullo, el jefe dijo, “Si te gusta el perro, Joe, te lo regalo.”
Estaba ganando puntos. Los yanomamös estaban impresionados. El jefe estaba haciendo sus cálculos. Sabía que esta exagerada generosidad casi le garantizaba un rifle cuando ya le tocaba a él pedir. Dio una mirada de triunfo a su hijo, quien estaba a un lado de él.
Joe le preguntó, “¿Este niño es tu hijo?”
“Sí,” dijo el jefe con orgullo, señalando a su único hijo vivo.
Joe continuó, “Tú sí eres un hombre muy generoso. Tú eres el hombre más generoso que conozco. Tú eres el más generoso de toda la selva.”
“Así es, Joe, no hay otro más generoso que yo.”
“¡Entonces dame tu hijo!”
La gente quedó atónita. Sus porras y sus gritos se convirtieron en un pesado silencio. ¡Qué bárbaro el hombre blanco!
El jefe tartamudeó un poco antes de responder, “No puedo, Joe.”
“Entonces quizá no eres tan generoso como imaginas,” le contestó el misionero.
“¡Pero nadie te daría su hijo!”
“Ah,” dijo Joe. “Pero sí hay alguien. Hay Uno quien es tan generoso que me dio Su propio hijo. Es mi Dios. El es así de generoso.” Y desde ese momento Joe ganó la atención completa de la gente, y les compartió las buenas nuevas de Jesucristo.

Ahora, 35 años después, Joe Dawson sigue siendo misionero en la Selva Amazónica y por medio de su testimonio hay muchos yanomamös quienes conocen a Aquel quien fue tan generoso como para darnos Su hijo—Su único hijo.
Pero hay millones de otras personas quienes están aún atascados en sus creencias, en sus ideas, en su condición de perdición. Dios busca a otros Joes porque El tiene a otros jefes, esperando a alguien tan obediente, tan valiente, y tan aventado para entrar a su selva, o su monte, o su isla, o su desierto, para abrirles el entendimiento y la puerta a la vida eterna. Dios te busca a ti, porque los Joes que El está hallando hoy en día casi no son Joes sino Josés, no son hombres blancos, sino de piel oscura, morenos, prietos. Son latinos llenos de valor, llenos de victoria, y llenos de un deseo de ver a Dios glorificado por todas las naciones. Dios te está buscando a ti. z

*Muchas gracias a Lynne Olmstead quien me relató originalmente la historia de Joe y el jefe.

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8. “Vengo de México”

Estoy sentado bajo un árbol, intentando escaparme del calor intenso. Viajamos toda la noche, medio dormidos, medio incómodos (¡incómodos y medio!) para llegar a esta pequeña ciudad, cerca de la frontera occidental de Venezuela. Yo que soy viejo (viejo y medio) estoy bañado de sudor, arrepentido de llevar puesto pantalón largo, y completamente agotado. Hasta mi hijo Moisés quien me acompaña, siendo joven, fuerte, y de pura sangre buena (¡mexicana!), se ve guangucho y debilucho con este calor opresivo.
A nuestros alrededores se oye la alegre música venezolana que late con un ritmo fuerte y movido. Indígenas guajiros nos rodean, un grupo étnico predominante de estas partes. Sus mujeres llevan vestidos tradicionales—largos y hermosos.
Pero ahora voy rumbo a otro grupo, un grupo más pequeño que se encuentra todavía a otra hora y media de aquí en la Sierra Perijá. Son el grupo étnico yukpa. Ellos desconocen el evangelio. Un equipo de latinos valientes vive entre ellos, aprendiendo el idioma y estudiando la cultura. La meta de este equipo es compartir las buenas nuevas de Jesús con los yukpas en su propia idioma ya que hoy en día nos damos cuenta que se ha logrado muy poco—muchas veces ha causado más daño—predicar en español a etnias quienes tienen otro dialecto como su principal idioma.
Así que estoy bajo este árbol, esperando el aventón a la sierra. La aventura continuará…

ALGUNOS DÍAS DESPUÉS…
El camino—si se puede llamar camino—por el cual subimos fue hecho apenas para el Batimóbil. Pero como dejamos el Batimóbil en casa fuimos revueltos como salsa picante dentro una licuadora. Por fin se acabó el aventón (cola que le llaman aquí en Venezuela) y tuvimos que caminar el último pedazo, cargando nuestro equipaje y provisiones. Con el calorón que hacía y la bola que cargo (¡la bola de años!) este tramo fue mi Vía Dolorosa.
Los mosquitos celebraron mi llegada a Kishipma con banquete. Pero el banquete fui yo—¡me comieron vivo! Tengo piquetes por todos lados—¡parezco pizza de peperoni!

Todo a nuestro alrededor es verde, los árboles son magníficos, los montes son altos. Las mariposas abundan—nunca he visto tantas, ni de colores tan espléndidos. ¡Lástima que no se comen a estos mosquitos enfadosos!

“¿Otmá?”, la gente me saluda, ¿Cómo estás?
“Patume”, contesto yo, estoy bien (bien, excepto el peperoni).
Preguntan, “¿Choncho kiol multáh?” ¿De dónde vienes?
“México pono auyupenta” Yo vengo de México.

El gobierno venezolano trajo líneas eléctricas a Kishipma apenas en estos días que yo he estado visitando. Ahora mis anfitriones tienen nevera (refrigerador) y dos bombillos (focos) en la casa. Se me hizo chévere (suave) que la luz llegara mientras estaba yo aquí, siendo que a mí sí me gustan los lujos como un vaso de agua fría.
Las casas tienen agua porque la Convención Nacional Bautista instaló más de dos kilómetros de manguera que llega desde el río a cada choza. Desafortunadamente llovió fuerte hace dos noches, el río creció y la manguera salió del río. No hemos podido ir a arreglarlo porque no hay pasada por la continua lluvia. Ahora para tener agua caminamos hasta el río, llenamos los garrafones de agua color café y regresamos a nuestra choza por el caminito de lodo resbaloso. ¡O cuánto daría por escuchar el claxon del aguador que pasa todos los días por mi casa en la Gran Ciudad de Porvenir!
Pero para dar al colmo, es el mismo show para bañarse. Yo no nací para bañarme en agua fría. ¡Permítame seguir siendo gringo en esto! Pero ahorita la temperatura del agua no es el problema, porque ni agua hay. ¡Otra vez al río! Tengo un buen raspón en una pierna por una de mis aventuras en el río, y un fuerte golpe en el pie por otra. Mamita, llévame a mi casa ya donde hay regadera, agua caliente, y champú ‘Pato Donald’.

Fin de cuentas no es gran cosa no tener agua. No es gran cosa tener calor. No es gran cosa caminar por el lodo. Ni es gran cosa parecer pizza de peperoni.
Gran cosa es tener la responsabilidad de llevar el evangelio a gente como los yukpas. Gente que vive sin esperanza, sin seguridad, sin propósito. Gente que muere sin luz, sin perdón, sin vida. Gran cosa es el hecho de que Dios ha depositado Su confianza en mí—y en ti—para llevar las buenas nuevas a todas las naciones. ¿Cómo podemos quedarnos aquí?

Muchos grupos hay como los yukpas que no tienen quien les comparta el evangelio. En México estamos demasiado acostumbrados ver iglesias en cada esquina. Y estamos demasiado conformes en calentar bancas mientras las naciones esperan… esperan que alguien se interese… esperan que alguien llegue entre ellos… esperan que alguien aprenda su idioma para poderles compartir las buenas nuevas.
¿Tú qué esperas? ¿Estás muy a gusto, sentado bajo el árbol, evitando el calor? Toma el aventón que Dios te ofrece para llegar con esa gente que tanto te espera. Y cuando te pregunten de donde vienes, diles, “México pono auyupenta”, vengo de México, y vengo con el propósito de que conozcas la verdad, y seas libre para siempre.

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9. ¿Está Dios Enojado con los Macos?

Marueta es un pueblito de la tribu maco, junto al Río Ventuari en la selva de Venezuela.

“¿Do cua?” te preguntan. ¿Cómo estás?
“Otiwá.” – Estoy bien.
“¿Otiwiji? – ¿De veras estás bien?
“Jao.” – Sí.

Fue en Marueta donde salí a pescar sobre el Río Ventuari con un indígena. Pero el amigo se alteró al darse cuenta que yo no llevaba nada de carnada. Aparentemente las reglas son que el nativo provee la barca, y el visitante lleva la carnada. ¡Hombre, me hubieras dicho! Fin y al cabo, no solamente nos faltaba la carnada, ¡sino también la caña de pescar!

Don’t worry, no problem. Mi amigo indígena sacó un poco de hilo de la bolsa y un par de anzuelos. Luego empezó a despedazar un trapo rojo. Resulta que los peces del Río Ventuari no hacen mucha distinción entre carnada y pedazos de trapo rojo. Mi amigo de Marueta sacó nuestro primer pescado en cuestión de algunos minutitos. Calé el mismo truco aquí en México pero no resultó más que trapo mojado. ¡Los peces mexicanos son más listos que los de Venezuela!
Ese día en el Río Ventuari pescamos pirañas. Son tan flacas como un perro roñoso que tiene dos semanas en ayuno. No tienen mucha carne—mucho diente sí—pero no mucha carne. ¡Pero mejor es comer a ellas a que ellas te coman a ti!

Un hombre maco contó acerca de su hijo. “Hace dos años mi esposa bajó con el niño al río a lavar. Mientras ella lavaba, el niño jugaba junto a ella. De pronto se dio la vuelta y el niño ya no estaba. Rápido comenzó a buscarlo y a la vez gritaba por ayuda. Casi todo el pueblo vino para ayudarnos a buscarlo. Los hombres fuimos río abajo en canoas. Las mujeres buscaban en las riberas y alrededores. Pensamos entonces que mi hijo se había ahogado y que nos tocaba esperar hasta que flotara su cuerpecito. Pero nunca salió a flote.”
Le respondieron, “Es posible que un animal se lo haya comido al caer al río, o se quedó atrapado en lo profundo, en medio de piedras, o troncos de árboles.”
“No, no,” dijo él. “Mi niño no se ahogó. A mi niño se lo llevaron los espíritus, han hecho eso antes.”

Cuando uno mira a la gente maco aparecen tranquilos y algo normal. Pero uno se va dando cuenta de algo no tan normal—que no hay macos con defectos físicos. Bueno, es cierto que parece que los dientes no están muy de moda porque la mayoría de los macos no tiene muchos dientes. También hay una joven que tiene una sola pierna—el veneno de una culebra mató la otra. Y hay una señora de edad quien no puede enderezar su espalda—está completamente doblada de la cintura—por una maldición que le puso un chamán. Pero no encuentras entre los macos personas que son nacidos enfermos o con un defecto.
No los encuentras porque un niño que nace enfermo vivirá solamente el tiempo que demoran sus familiares en escarbar una pequeña tumba. Los macos están convencidos que si una mujer embarazada mira a una criatura con algo tan sencillo como labio leporino o seis dedos, el niño en el vientre también nacerá con el mismo problema. Aun si la mujer embarazada solamente escuchare hablar de un niño enfermo, dará a luz a un bebé con esa misma enfermedad. En lugar de arriesgar tales casos los macos creen que es mejor terminar la vida de un niño nacido con algún defecto.

¿Qué diremos, entonces, que son malos los macos porque quitan la vida de sus bebés? Desde su punto de vista están matando a uno para salvar a muchos. Desde su punto de vista están haciendo una buena obra.

¿Está Dios enojado con los macos por matar a sus bebitos y creer en espíritus que roban a niños junto al río? Quizá. Pero quizá está más disgustado con Su iglesia por no ir a vivir entre los macos y llevarles el mensaje de paz, amor, y verdad.
Quizá la sangre de estos niñitos inocentes está más sobre nuestras manos que sobre las manos de sus padres.
Es muy probable que, al recibir el evangelio, los macos dejarían esta costumbre de infanticidio, porque las buenas nuevas traen liberación. Pero necesitan que la iglesia se levante a llevarles esa libertad.
¿Irás tú?
Dile “jao” al Señor. Dile que sí.

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10. Muy Indiana Jones en Papua Nueva Guinea

Me sentí muy Indiana Jones hoy al andar por la selva de Papua Nueva Guinea rumbo a la aldea de Nakui. Subimos y bajamos. Bajamos y subimos. Varias veces cruzamos ríos al estilo de los indígenas, en puentes que consisten de un solo tronco tirado de una ribera a la otra. También nos tocó cruzar como vaqueros—¡a pata mojada, directo al agua!—¡ni que puente ni que nada!
Aunque Nakui queda apenas un par de horas de la población Iteri, donde ya hay creyentes, los nakuis son un grupo étnico completamente separado, una cultura diferente, un pueblo distinto. Los nakuis aún no han tenido la oportunidad de escuchar el evangelio.

Para los Nakui, toda enfermedad y cada muerte, tiene una explicación. Sólo hay que discernir la causa de la enfermedad. Seguramente fue un espíritu, pero ¿cuál? Y ¿cómo?
Quizá se te cayó una migaja en la selva y las hormigas la cubrieron con tierra. Las hormigas trabajan en armonía con los espíritus, entonces así te abriste al poder de ellos. O probablemente escupiste en la selva y los espíritus tomaron tu saliva y por eso ahora están sobre ti. Quizá te cortaste el cabello o las uñas y no los tiraste al río ni las enterraste como deberías haber hecho. Pues, lógico, abriste la puerta a los espíritus y ahora te están tratando de matar.
Hay tiempos que los espíritus comen las entrañas y los músculos de uno. Por eso a veces el enfermo se pone más y más delgado hasta morir.

Bábuwa es el espíritu de un difunto. Los nakuis temen a Bábuwa.
Si algún objeto o una prenda se pierde, los Nakuis dicen “Bábuwa se lo llevó.” Una persona enferma no debe caminar en la selva, porque Bábuwa seguramente lo matará. A menos de que se escupa sobre el enfermo con raíz de jengibre. Así uno ciega a Bábuwa. De otra manera, no.
Cuando uno del pueblo muere, los nakuis saben que Bábuwa viene de noche a llevarse también a otro. Cuando saben que Bábuwa ha de estar muy cerca, por ejemplo cuando están enterrando a un difunto, los nakuis pasan una soga por cada una de sus coyunturas. Eso hace que Bábuwa no los pueda tomar tan fácilmente.
Al estar cerca Bábuwa, las madres amarran las puertas para dejar bien cerradas sus chozas, y duermen a los niños pequeños pegados junto a ellas. Hace poco murió un bebé durante la noche. En la mañana los parientes llegaron a gritos culpando a la madre—ella en luto—por la muerte del niño, diciendo que Bábuwa alcanzó llevar el niñito porque la mamá no lo tuvo suficientemente junto a ella aquella noche.
Hace tres meses algunos hombres comieron el puerco de un hombre ya difunto. Esto no lo deberían haber hecho, pues desagradó a Bábuwa. Se enojó. Después de unos días Sese (de 12 años), el hijo del difunto, se enfermó y tuvo la temperatura muy elevada.
Toda enfermedad tiene su causa. La causa de la fiebre de Sese? El Bábuwa de su padre estaba enojado por causa del puerco y ahora estaba matando a su propio hijo para vengarse. Un padre amoroso en vida llega a ser el temido Bábuwa en muerte.

Bábuwa reina con temor porque los nakuis no saben algo más que el temor de Bábuwa. Nadie ha ido a desafiar a Bábuwa. Nadie ha entrado con la verdad. Nadie le ha hecho guerra.

Los nakuis se pintan con lodo. Los colores tienen su significado. Blanco es adorno. Negro es enojo. Café es tristeza. El único color que les queda bien ahora es el café, porque están tristes. Viven en tristeza, mueren en tristeza, pasan la eternidad en la tristeza eterna. Les falta ser pintados de color rojo. Les falta la sangre de Jesús. Les falta vida, y vida eterna.

¿Quién irá para que se pinten rojos? Se busca… se busca un Indiana Jones. Pero un Indiana con valor verdadero, basado en amor. Que ame a Dios más que a la aventura. Que ame a los demás, más que a sí mismo. Uno que no teme a Bábuwa, ni a los espíritus, ni a las hormigas. Uno que no teme las flechas ni la malaria. Uno que no teme ni la soledad, ni el futuro que no incluye ni ama ni lana. Se busca a uno que teme solamente a Dios y el no cumplir la tarea que El nos ha dejado.

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11. La Tristeza, la Expectación, y el Gozo

TRISTEZA
Ahora estoy triste. Más que triste.
Cuando voy a la selva, son pilotos misioneros—pilotos expertos—quienes me llevan de una tribu a otra. Si no fuera por su ministerio el viaje de un pueblo a otro sería de seis días, en vez de 20 minutos. El piloto misionero es un misionero esencial. Es piloto, es mecánico, es animador, es escuchador, es amigo. Para muchos misioneros la única persona que verán por meses—excepto a los de la misma tribu donde viven—será al piloto misionero.

Ahora yo estoy triste.
Uno de esos pilotos—uno de esos amigos míos—se llama Ricardo…
Yo estoy triste porque la avioneta de Ricardo se estrelló en media selva. Tenía a bordo una creyente maquiritare, un joven de 15 años (hijo de misioneros), y un matrimonio jubilado que regaló sus años del jubileo al Señor de la mies. Todos se fueron con el Señor.

La selva amazónica es densa, es cruel, y no perdona. Cuando uno vuela sobre ella, parece que no tiene fin. Cuando uno está debajo de sus árboles parece que no existen sol ni cielo. Los árboles son gigantescos. Cuando uno está sobre ellos, parecen una alfombra verde enorme. En partes la selva es puro pantano. Desde la avioneta se alcanza a ver el brillo de sus aguas abajo de los árboles. ¡Pero que la hermosura de su brillo no te engañe! Esas aguas están llenas de pirañas, caimanes, sanguijuelas, pastinacas, y cantidades de otras criaturas desagradables.

No le correspondía a Ricardo hacer ese viaje. Pero otro amigo piloto se sentía enfermo. Ricardo se ofreció a tomar su lugar, acomedido y generoso. El joven hijo de misioneros tampoco tenía que estar a bordo. Pero él tenía tiempo sin estar con sus padres. Ellos son siervos de Dios con la tribu panare. Timoteo—el de 15 años—iba de su internado para estar unos días con su familia. Nunca llegó.
Yo estoy triste.
La avioneta se estrelló en un barranco de 2,500 metros de altura. Las condiciones climáticas en la zona son muy malas, causadas por el humo del incendio grande que hay en la selva (debido a la sequía causado por “El Niño”). Se supone que por eso fue el accidente.
Yo estoy triste.

EXPECTACIÓN
Pero estoy con expectación. . .
En otra selva, aislados y apartados, viven los yanomas. Han tenido muy poco contacto con otros seres humanos. Hace 20 años unos jóvenes misioneros, acompañados por creyentes indígenas, cruzaron la selva para llegar con ellos. Establecieron una amistad y los yanomas les hicieron prometer que vendrían misioneros a quedarse a vivir entre ellos. Por estos 20 años esa promesa ha quedado en el aire. Hoy, mientras escribo estas líneas, uno de aquellos misioneros, acompañado por otros, está cruzando la selva de nuevo, hacia este pueblo. ¡La vida va a llegar a los yanomas! Estoy con expectación.
Pero esto es sólo el principio de un proceso largo. Se tiene que establecer una base, construir casas, aprender el idioma, lograr confianza y amistad, y luego compartir las verdades de la Palabra de Dios para que el Espíritu de Dios haga Su obra en las vidas de los indígenas.
Apunta los yanomas en tu corazón y en tu biblia, para estar orando por ellos, para que la vida sí llegue a ellos. ¡Estemos con expectación!

GOZO
Estoy gozoso. Y más que gozoso.
Yo conozco a la tribu yuana desde mi primera visita a la selva venezolana en 1990.
Los yuanas creen que el mundo está colgado con unas viñas. Saben que si pudieren caminar hasta la orilla de la selva podrían encontrar esas viñas y subirlas al paraíso. Los yuanas saben que cuando uno sueña no es que está soñando sino que su espíritu está viajando. Si unos yuanas van a salir a cazar de noche, en el día nunca dirán en voz alta lo que van a cazar ni donde. Porque si el danta o el váquiro está dormido de día y su espíritu sale (o sea el animal sueña) va a escuchar a los hombres decir donde van a estar cazando y el animal va a saber que allí no debe de ir.
Los misioneros se establecieron con los yuana en 1970. Por lo regular la obra en una tribu virgen demora de 15 a 25 años—para que los misioneros aprendan el idioma y la cultura, traduzcan algo de la escritura, prediquen a Cristo, y la iglesia se establezca y tome forma. Pero la lengua de los yuanas es tan difícil y complicada que apenas después de 27 años entre la tribu, los misioneros habían dominado bastante el idioma para poderlo poner por escrito, alfabetizar a la gente, y luego enseñar con precisión la Palabra de Dios.
Hace exactamente seis meses los yuanas empezaron a escuchar el mensaje del Libro. Empezaron aprendiendo acerca del Creador y Su creación. Aprendieron del rebelde que se quiso exaltar pero fue arrojado de los celestes. Los yuanas no manejan el concepto de autoridad en su cultura entonces batallaron para entender con cual derecho Dios expulsó a Lucifer del cielo.
Han batallado con concepto tras concepto, pero poco a poco la luz les está penetrando. Todavía no han oído que Alguien pagó el precio en una cruz—todavía los cimientos para esta verdad se están estableciendo. Pero yo estoy gozoso porque ahora se acerca el día cuando los yuanas sabrán que no hay que buscar unas viñas para escalar, sino hay que confiar en Aquel que abrió camino.
Estemos orando por los yuanas, para que ellos se abran al mover del Espíritu de Dios en sus vidas. Oremos por el equipo misionero entre ellos quienes han entregado sus vidas para que estas personas puedan conocer la única verdad que libera y da salvación.

UNA PREGUNTA
Tengo mi tristeza, tengo mi expectación, y tengo mi gozo. Pero también tengo una pregunta. Es tocante a mi amigo Ricardo— ¿quien está para recoger su estafeta? ¿Quién irá con los miles de otros grupos como los yanomas para que ellos tengan expectación? ¿Quién dará su vida para que otros, como los yuanas, escuchen la verdad? La necesidad es inmensa. Ya basta de creer que otro puede ir. Ahora nos toca a nosotros. Dios llama.

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12. Papua Nueva Guinea
Un Pie y Medio: Mi Amigo Makai

Conocí a Makai por primera vez cuando viajé a la selva de Papua Nueva Guinea—cerca de Australia—para conocer a la tribu Nakui. De antemano tenía ganas de conocer a Makai, ya que este hombre casi era mi héroe.

Años atrás, Makai penetraba la densa selva hasta otro pueblo para hablar con los extranjeros que estaban allí. El les pedía que también mandaran misionero a los nakuis—porque no habían misioneros en su pueblo. Makai no hizo ese viaje una sola vez, ni tampoco dos, sino caminó por la selva muchas veces, llevando su petición.

Los nakuis, el pueblo de Makai, creen en una variedad de espíritus. Hay un tal Bábuwa, que es el espíritu de los muertos, y también su primo Nibawi, espíritu del trueno y relámpago. Hay espíritus enanos que viven debajo de los árboles, otros grandes como monstruos viviendo en los montes, y otros que parecen ciempiés gigantescos de 17 metros. Los nakuis—sin Dios y sin esperanza—se dedican a agradar y manipular a todos esos espíritus que habitan sus selvas.

Los misioneros, por fin, llegaron a Nakui en 1992. Pero no era trabajo fácil y un matrimonio hasta perdió un hijo por causa de la obra. Cuando yo fui todavía no había ningún cristiano nakui. Los misioneros estaban aprendiendo el idioma y conociendo la cultura, pero aún no habían aprendido bastante como para poder comunicar el evangelio a los nakuis en manera precisa y exacta.

Makai y yo nos sentamos juntos en el piso fuera de su choza, sus dos esposas estaban cerca con algunos de sus hijos. Nos pusimos a masticar nuez de areca, una nuez que los meros machos de la selva mastican. No es droga, pero sí me traía recuerdos de mis días de hippie y cierto cigarrillo que acostumbrábamos fumar en aquellos tiempos. Además, la nuez de areca te pone la boca roja. Makai es negro como africano, así que no se le notaba mucho. Pero yo parecía como que me había puesto el lipstick y no sólo en los labios, ¡sino en los dientes y la lengua también!

Mientras masticábamos, yo examinaba los pies de Makai. Más bien dicho, su pie y su medio pie. El cáncer había tomado la mitad de su pie izquierdo. También acababan de descubrir que Makai tenía cáncer en sus lomos, y temían que Makai—quien era el que logró hacer llegar a los portadores del evangelio con los nakuis—quizá no viviría bastante tiempo como para escuchar las buenas nuevas y poder responder al evangelio.

“Cuán hermosos son los pies,” dice Romanos 10.15, “de los que anuncian buenas nuevas.” El pie y medio de Makai sí que se me hacía bastante hermoso. Yo ahora quería que tuviera Makai la oportunidad de llegar dos versos más adelante (10.17): “Así que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios.”

Dejé las selvas de Papua Nueva Guinea y regresé a México con esta petición—la salvación de Makai.
Un año después, los misioneros pudieron presentar el evangelio en el idioma de los nakuis. Empezaron unos meses atrás con enseñanzas cronológicas desde la creación hasta la vida de Jesús. Luego narraron la crucifixión y la resurrección, y explicaron como se cumplieron las profecías del antiguo testamento.
Hicieron también la presentación de una escena tratando con la muerte de un creyente. Un hombre en una escalera representaba a Dios el Padre. Otro en otra escalera era el Hijo. “Murió” una misionera, fue llevada ante Dios, quien declaró que ella tenía que ser juzgada por sus pecados. Buscaron el libro de sus pecados para juzgarla, pero el libro no se halló. Jesús anunció, “Ella no tiene libro. Yo pagué por sus pecados y tiré su libro a la basura.”
Dios Padre le dijo a la mujer, “Qué bien! Tú eres mi hija. Ven al cielo donde vivirás por siempre.”
Repitieron la escena de nuevo pero ahora fue un creyente de otra tribu vecina quien “murió”. Este también fue recibido al “cielo” por Dios. Entonces los misioneros preguntaron a los nakuis: “¿Qué piensan ustedes?”
Auiyo fue el primero en responder: “Creo que es cierto. Jesús pagó por mis pecados y los puede tirar a la basura.” Entonces los misioneros invitaron a Auiyo a presentarse delante de Dios en el mismo drama, y él también entró al cielo. El foco se encendió, y los nakuis entendieron las buenas nuevas.

Uno de los primeros en afirmar su nueva fe en Jesús fue mi amigo Makai. Dicen los misioneros que su rostro resplandecía. Me hubiera gustado poder estar allí para verlo. Pero lo volveré a ver en el cielo, y veré una vez más sus hermosos pies.

Pero allá no serán uno y medio. Serán dos. Sanos y completitos, y aun más hermosos.
¿Y tus pies? Dos, uno y medio, cinco o cien, no importa cuantos tengas. Pero mi pregunta es, ¿Qué tan hermosos los tienes? Hay casi tres mil millones de almas, muchas en lugares remotos y difíciles de penetrar, quienes no han oído de Jesús. Ellos esperan gente de corazón enamorado con Dios que les lleven buenas nuevas. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

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13.  Foto de Marcos 1

14.  Foto de Marcos 2

15.  Foto de Marcos 3

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 16. Capturado del Corazón

Cuando primero fuimos, en 1981, al Porvenir para ser familia misionera, por los primeros años la famosa de la casa era nuestra hija Kim. Era güera, bonita, y tenía cuatro años. A mí la gente me llamaba “el papá de Kim”. (Algunos otros me decían suegro, pero esto no me caía de mucha gracia.)
Ahora, 17 años más tarde, estoy en Egipto. Aquí vive Kim, aquí sirve al Señor de la Mies. Kim todavía es güera y bonita, pero ya no tiene cuatro años. Pero otra vez soy conocido como el papá de Kim. O más bien, el baba de Keem. Ya no me lo dicen con palabras, pero veo en sus ojos que algunos todavía me están diciendo “suegro suegro”. “Mish fajm,” contesto yo, “No entiendo.”

Egipto me ha ganado el corazón. Esta es mi primera visita. La gente es como la gente mexicana—abierta, amable, linda. He viajado a muchas partes, pero poca es la gente que me ha capturado como lo han hecho los egipcios. Pensaba encontrar gente dura, amarga, fanática, pero he hallado gente que fácil se ríe, fácil te besa (¡hombres a hombres!), y fácil te hace parte de su vida.
Parezco todo el gringo loco bajacaliforniano que soy, orgulloso de las 30 palabras árabes que he aprendido y atónito que la gente no me entiende. “¿Is makeh?” yo pregunto, — “¿Cómo te llamas?” “Mish fajm, mish fajm”, me contestan. Pero ¿cómo no entiendes si estoy hablando un árabe tan perfecto?

Compré una galabeya—la túnica que usan unos (pero no todos) los hombres egipcios. Pero Kim—la güera bonita—no me permite ponérmela. Ella no quiere que yo la haga pasar vergüenzas. ¿Yo? ¿No sabe ella que yo soy Misionero Marcos? ¿No sabe que yo escribí un libro llamado La Mies es Mucha? ¿No sabe ella que yo predico en Visión Juvenil con plumas de los yanomamös y en babárriga de Nigeria? Quizás ella cree que su papá caminando por las calles del Cairo en túnica de los egipcios sería como los gringos que compran su sombrerote charro y andan con él en la Calle Revolución de Tijuana. Bueno, quizá ella tiene razón. (¡No le digas nada a ella pero sí me voy a poner mi galabeya para la próxima Visión Juvenil!).

El Cairo—la capital de este país—es similar al DF. Es grande, y casi la tercera parte de la población nacional vive aquí. Para manejar como locos, los cairanos les ganan a los chilangos. La ciudad está llena de smog y de arena del desierto del Sahara, el cual está a su orilla. Tiene sus pirámides también. Pero los faraones las hicieron no para hacer sacrificios a los dioses, sino como sepulcros. Su ka—la parte del alma que ellos creían que iba a regresar después de la muerte—iba a poder reunirse con más facilidad con su cuerpo, por medio de la sepultura en la pirámide.
Las mujeres cubren su cabello para salir en público. Algunas pocas cubren todo el rostro. Los hombres no solamente se besan, caminan por la calle agarrados del brazo y de la mano. Pero no es que tienen volteada la canoa.
Los musulmanes no toman, pero fuman como chacuacos. Yo fumé shishu con ellos, una pipa con mangueras y jarra de agua. Los taxistas llevan su Corán—la “biblia” de los musulmanes—en un lugar adornado en su taxi.
Más que una vez el taxista paraba para dispararnos una soda. A veces los de la tienda rehusaban mi dinero—me regalaban lo que yo quería comprar. Así son de buena gente.

Todos los días, varias veces al día, uno oye la llamada a la oración: Ley ilah ila Allah—“No hay Dios más que Alá.” En el amanecer exhortan: “Levántese a orar. Orar es mejor que dormir.” ¿Pero quién puede dormir con tanto relajo?
Algunos de los varones de más edad tienen una mancha negra en la frente por tanto rezar. Pero cuando vi a algunos jóvenes con la misma mancha ¡no me la tragué tan fácil de que ellos hayan orado tanto! Me puse de detective para saber que onda con eso y descubrí que algunos se queman con una cuchara caliente para ir formando callo y así dar la impresión que rezan mucho y son muy espirituales. Jmmm, un truco nuevo que todavía no ha llegado a los cristianos.

La gente no es tan fanática como yo esperaba. Es religiosa, pero no fanática. Aunque 85% de la gente es musulmana, y es contra la ley convertirse a Cristo, no se siente la opresión y el espíritu de pesadez que he sentido en otras países. Los egipcios dicen que los musulmanes que andan de terroristas tronando bombas y matando gente no son musulmanes auténticos. “Estos son fanáticos,” dicen ellos.

Pero fanáticos o no fanáticos, buenos musulmanes o no buenos musulmanes, con mancha negra o sin mancha negra, buena gente o mala gente, no importa. El hecho es que es un pueblo que tiene que conocer a Jesucristo. Se necesitan misioneros. ¿Quién como yo? ¿Quién como tú? Es nuestra tarea, es nuestro deber, es nuestro privilegio, y debe de ser nuestra respuesta a la salvación que Dios nos ha regalado a nosotros.

Alhamdulilah. Gracias a Dios.

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17. El Islam ¡Donde Hay Música, Hay Fiesta!
Por Kim Schultz

Bajé del camión y miré a mis alrededores, me encontraba en un pueblito en el norte de Siria. “Tienen dos horas para comer y luego volvemos a partir!” me dijeron. Otros pasajeros fueron al mercado de la plaza a hacer compras pero yo decidí caminar un poco para estirar las piernas.
Estaba viajando por varios países del Medio Oriente, una parte del mundo que me fascina por su diversidad cultural y religiosa. Mientras andaba por las calles de este pueblito de repente escuché el sonido de tambores. Una cosa que sé del Medio Oriente es: ¡donde hay música, hay fiesta! Decidí seguir el sonido de los tambores y encontrar la acción.
Al otro lado de una lomita, en plena calle, un grupo de unas 50 personas rodeaban los músicos quienes llevaban tambores y el mizmar, un instrumento árabe, hermana de la flauta. ¡Era la celebración de una boda!
La gente alrededor de los músicos se tomaron de la mano y empezaron a moverse al ritmo de la música a estilo “Rueda de San Miguel”. Al frente de la línea se encontraban los hombres, después seguían las mujeres, y al final los niños. “Yala”—¡ven! Las mujeres me tomaron de la mano y me metieron a la formación, y con eso yo también celebraba el matrimonio de estos jóvenes quienes yo desconocía completamente.
Mientras dábamos vueltas a los músicos pude notar por la condición de las calles y las casas a nuestros alrededores que esta gente era pobre, y por su estilo de vestir supe que eran kurdos, un grupo étnico encontrado en Siria, Irak, y Turquía. En Siria hay varios grupos étnicos, los cuales (aunque casi todos pertenecen al Islam), tienen diferente forma de hablar, de vestir, y de vivir.

En otro pueblo de Siria que había visitado, todos los hombres mayores se veían muy distinguidos, vestidos de negro con una kifeya blanca en la cabeza. Pero lo más impresionante es que portaban bigotes largos y muy cuidados. Las mujeres también vestían de negro y con un reboso blanco, con el reboso arrastrando hasta el suelo. Estos son los drusos, otra etnia dispersada por el Medio Oriente. En este pueblo no participé en una boda pero sí fui invitada a comer en una casa. La hija del hogar me saludó en la calle y al saber que buscaba un lugar para comer me llevó a su propia casa. Este es el tipo de hospedaje árabe que hace la experiencia del Medio Oriente rica e inolvidable.
Había tenido planes de quedarme con familias cristianas en Siria. Los cristianos forman un 8% de la población. Al llegar a la ciudad donde me iba a quedar, dos hermanos de la iglesia me esperaban. “Lo sentimos mucho,” dijo uno, “pero no podrás quedarte con la familia.” Quedé sorprendida porque había hecho arreglos con anticipación, pero me dijeron, “Los hermanos de la iglesia tendrán problemas serios con las autoridades si te hospedan.”
Aunque los diferentes grupos étnicos y religiosos en Siria tienen algo de libertad, el país es gobernado por el presidente Haffez Assad, por autoridad socialista-militar. Assad se opone a cualquier cosa o persona quien amenaza su autonomía. No permite el uso del Internet y los medios de televisión y radio son controlados por su régimen. Es común que personas (de cualquier religión) sean arrestadas e interrogadas por la policía, y de vez en cuando estas personas “desaparecen” y nunca regresan a sus hogares. Bien pude entender porque los hermanos tenían temor.

Siria es una tierra muy antigua. En la biblia leemos de cuando Pablo visitó a Damasco y tuvo que escapar siendo bajado en una canasta por la muralla. Pero aun desde antes del tiempo de Pablo Siria fue importante como centro de civilización. Es de aquí que tenemos uno de los primeros alfabetos conocidos por el hombre. Damasco, la capital, es la ciudad que ha sido continuamente poblada por mas años en todo el mundo.
Ahora el presidente controla casi todo y no permite que la cultura moderna entre a Siria. La gente se niega a hablar sobre cualquier tema político y son muy cuidadosos de no hacer nada que pueda llamar la atención de las autoridades. Todo esto quiere decir que los sirios están en sí aislados, sin saber mucho de lo que sucede en el mundo y el mundo sin saber mucho de lo que sucede en Siria.
Uno pensaría que con todo esto los sirios han de ser una gente temerosa y amargada. Sin embargo, en realidad, el país es uno de los más pintorescos que he visitado. La gente es alegre y muy calurosa, tal como descubrí aquella tarde en la boda. Están ansiosos de recibir gente de afuera y mostrarles hospitalidad árabe, y están ansiosos de saber cosas que para ellos son desconocidas. Varios jóvenes me preguntaban sobre las maravillas del Internet, y los mayores querían saber de noticias mundiales. Pero de lo que más necesitan saber es de Jesús. Yo pregunto, ¿Cómo sabrán?

A los cristianos les es difícil testificar a los musulmanes kurdos y drusos por las mismas divisiones étnicas y religiosas. Es mucho más fácil que uno de nosotros vaya a decírselos a que un creyente sirio se los haga saber. ¿Qué tal tú? Dios te puede usar a ti. Más fácil es creer que otro debe ir, otro puede, otro tiene el dinero, la experiencia, la habilidad. Pero no. Tú eres aquel otro, tú sí puedes, porque tu Dios es grande.
Dios está queriendo enviar mexicanos por todo el mundo como misioneros. Algunos ya han ido, pero no bastantes. La iglesia existe para llevar las buenas nuevas a gente como esta. Que Dios nos perdone por todo lo que no hemos hecho.

Kim Schultz es hija de Marcos, criada en Baja California. Ella escribe desde el Medio Oriente.

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18. La Gente Llora
por Kim Schultz

Era un viernes por la tarde. Viernes es el día santo aquí en este país musulmán. Los viernes en la ciudad del Cairo, Egipto, donde yo vivo, siempre son días tranquilos. Nadie trabaja y todos duermen tarde. Muchos toman ventaja del día para pasar tiempo juntos como familia. Era un tal viernes cuando de repente llantos horribles rompieron la tranquilidad. Corrí hasta la ventana para descubrir la razón de los gritos. Por la calle pasaba una procesión funeraria.
Seis hombres cargaban al difunto. Una pieza de tela cubría su cuerpo. Como es la costumbre aquí, ya habían hecho el velorio. Por lo regular la familia del difunto trae una persona religiosa para leer o recitar partes del Corán mientras se lleva a cabo el velorio. Al terminar el velorio se traslada el cuerpo al lugar del entierro. La gente aquí es pobre, por eso cargaban al difunto sobre sus hombros en lugar de llevarlo en carro.
Eran unas 30 personas que iban caminando tras el cuerpo del muerto. La mayoría han de haber sido familiares. Las mujeres soltaban sollozos tan fuertes que parecía que se les quebraba el alma. La gente egipcia no es tímida, cuando se alegran lo hacen a lo máximo, pero cuando lloran también saben llorar. Los gritos de esas mujeres llenaban la calle y subían hasta el décimo piso de mi edificio, desde donde yo les miraba.

Esos sollozos demuestran el temor con que vive esta gente. Temor de los espíritus jin. Temor de la ira de Alá. Temor del ojo malvado. Temor de la muerte. Temor de lo que hay después de la muerte. Los musulmanes creen en un dios que no les da seguridad de salvación. Sí creen que el ser piadoso les da entrada al paraíso, y que seguir los cinco pilares (mandatos) del Islam es la mejor manera de obtener salvación… pero aun estas cosas no les da la seguridad que desean, y por esta razón hay temor.

Lilias Trotter, quien vivió como misionera por 40 años entre los musulmanes de Argelia, relata en su biografía de un encuentro que tuvo con unas mujeres quienes lloraban. Lilias escribió: Una de ellas me mostró los rasguños sobre su cara que había hecho al llorar por su esposo que había muerto.
“¿Qué hacen ustedes cuando alguien muere?” me preguntó. Le dije que si creíamos en Jesús, Dios nos consolaba. Esto les pareció sorprender muchísimo y se repetían entre ellas, “Dios les consuela! Dios les consuela!”

¡Hay un solo Consolador! ¡Hay un solo Dios quien puede librar del temor! Hay un solo Dios quien puede dar seguridad de salvación. Pero ese Dios no quiere trabajar solo. Ese Dios nos ha dado una comisión. El poder es suyo, pero la tarea es nuestra.

Yo creo que Dios va a hacer cosas maravillosas en esta parte del mundo. Va a hacer cosas entre los musulmanes que no nos imaginábamos. No tengo duda que habrá un avivamiento entre esta gente. Pero para esto El pide que nosotros entreguemos nuestra vida y la rindamos a El.
No digas, “Yo no puedo entre los musulmanes”. Puede ser que la tarea se vea imposible. Pero se empieza con uno y se sigue con otro, y juntos dispersamos el temor. Como escribió Lilias, acerca de las olas del mar: “La primera es pequeña, llevada por los vientos desde la profundidad del mar hasta que cae sobre la arena y retrocede quebrantada, aparentemente sin haber logrado mucho. Pero la marea es el corazón del mar avanzado irresistiblemente a la victoria, pero necesitando cada una de esas olas pequeñas y quebrantadas para alcanzar su meta.” Yo sólo soy una ola pequeña aquí en esta tierra, aún no se oye el fuerte son de la marea de la victoria que tendremos entre esta gente. Lo que importa es que nos dejemos llevar por la fuerza que viene tras nosotros, para ser enviados lejos de donde originamos.
Yo soy una mujer, joven y soltera. Pasé tanto tiempo diciendo “Heme aquí” pero no me permitía ser enviada. Yo también tenía temor. Soy sólo una pequeña ola sobre esta playa enorme que necesita ser saciada. No es fácil la tarea. Diariamente yo tengo que enfrentarme a situaciones difíciles aquí en el Cairo. Hay días que siento que no he logrado nada. Pero mi Padre me recuerda que yo no lo puedo lograr todo. Quizá no podré lograr mucho, pero tengo la satisfacción de saber que le estoy obedeciendo. ¿Y sabes qué?—¡Dios me está usando! ¿Cuánto más te puede usar a ti?
Es hora de ser valiente. Deja de decir, “Heme aquí, envíame Señor,” ¡y ven! Ya te ha llamado. ¿Qué esperas? No digas que no puedes porque eres soltera. No digas que no puedes porque estás casado. No digas que no puedes porque estás estudiando o trabajando… ¡Obedece! La gente aquí llora, ¿cuándo te dejarás ser enviado?

Notas sobre la vida de Lilias Trotter tomadas de: St. John, Patricia. Until the Day Breaks. Carlisle, England: OM Publishing, 1919.

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19. El Árabe Astuto y la Familia “Normal”

Sobre todo somos personas normales, mi esposa Verónica y yo. Quizá ella más que yo, pero yo también. Vivimos vidas normales y tenemos una familia normal.
Bueno, sí es cierto que tenemos 11 hijos y eso no es muy normal, pero no le hace. También es verdad que de esos 11 solamente tres tienen la sangre nuestra, los demás nos han llegado de aquí y de allá. Pero no es que los hayamos secuestrados (como algunos acusan) porque, sobre todo, ¡somos personas normales!
A unos se les hace raro que en nuestro hogar hablamos dos idiomas, que tenemos cuatro baños (¡y eso que la mayoría de los hijos son varones!), que tenemos un cuarto que llamamos Price Club y otro que lleva por nombre Home Depot. Y a algunos les molesta el hecho de que vivimos en un ejido pequeño de 3,000 habitantes, ¡con todo y vacas y caballos! ¡Pero todo esto no quiere decir que no somos normales!

Los hijos nuestros son algo como sus papis en que les gustar viajar el mundo. Pero estos viajes siempre son viajes misioneros, y nunca resultan en cosas raras…
Cuando Jasón fue a Holanda, no regresó calzando zapatos de madera, sino puros huaraches.
Cuando Kim fue a Inglaterra no llegó tomando té como los ingleses, sino se echaba su café bien cargado como buena mexicanilla.
John fue a Venezuela y a Papua Nueva Guinea para estar entre las tribus, pero no agarró la costumbre de pintarse con colores de guerra y andar bichi.
Cuando Kim y Jasón fueron a España no regresaron cantando como Marcos Vidal.
Rebecca vino de Guatemala y El Salvador y no se vestía de puro rojo como algunas de las etnias de allá.
Al ir Jasón a Marruecos no vino dando besotes a los amigos como hacen los varones allá, y ni él ni Rebecca causaron revolución en Cuba.

Les digo, ¡somos tan normales, los de mi familia!

Entonces, ¿qué pasó en Egipto? Es lo que yo quisiera saber. Quizá fue el viento fuerte que sopla sobre las pirámides, o el calor intenso del Sahara. Chanza que tuvo algo que ver con las 10 plagas de Faraón—una consecuencia tardía—yo no sé.
Yo les he dicho antes que me encanta Egipto. La gente capturó mi corazón. Solamente los latinos les ganan a los egipcios en ser amables. Pues estuvo bien que me ganaran el corazón, pero ahora me están queriendo ganar la hija también.

Permítanme explicar…

Existe un tipo muy tranza, sospechoso, astuto como una serpiente, medio moreno al estilo mexicano, pero es árabe. Ese tipo llegó a nuestro hermoso ejido, muy sutilmente haciendo puntos con Vero y un servidor.

Todo empezó el año pasado… Kim estuvo en Egipto y conoció a este fulanito. El le ganó el corazoncito. Dice él: “Voy a México a pedir tu mano.” Me hubiera conformado si fuera la pura mano, ¡pero me doy cuenta que este arabito quiere todito de mi hijita y no se conforma con la pura mano!

Llegó a la patria amada.

Yo estaba listo. Tenía preparados mis arcos y flechas yanomamös. Y mi cerbatana yuana. No le puse veneno a los dardos sólo porque soy cristiano. “Este tipo no nos va a ganar,” pensé yo. Yo quiero nietos que coman frijolitos y que tengan el nopal en la frente, no que coman mahshi y tengan pirámides en la frente.

Algunos de los árabes tienen la costumbre de regalar camellos al suegro. Un jefe beduino había ofrecido 50 camellos por la mano de Kim. La pensé, pero no se me hacían suficientes.
Yo esperaba algo mejor de parte de este fulano. ¡Qué equivocado! El codito me trajo seis camellitos de madera. ¡De madera! ¿De qué me sirven camellos de madera? ¿Puedo ir a la tienda en camello de madera? No. ¿Puedo hacer viaje misionero en camello de madera? No. Mi esposa me va a poner a sacudirlos cada rato, ¡nada más! Ya me estaba cayendo más gordo ese tipo.

Pero tiene cierta gracia. Es barberito. Me acompañó a un campamento donde me tocaba predicar. Cargaba mis maletas. Quería bolear mis zapatos, pero yo uso tenis. Fue muy acomedido. Se reía de mis chistes y levantaba las manos en la adoración. Me habló de lo maravilloso que es mi hija. El me decía que él la ama y quiere cuidarla y compartir su vida con ella.

Y en un momento de debilidad me ganó. Me tumbó. Con camellos o sin camellos. Con nietos con nopal en la frente o sin nopal. Le dije que sí. Cásate con mi hija. Bienvenido a la familia Schultz.

Shady tiene 26 años (Kim tiene 23). Ama a Cristo, nació en una familia cristiana, nunca fue musulmán. Es lindo, es sincero. Habla árabe e ingles, y la verdad es que le echa ganas al español. Ya sabe decir “Vamos a comer,” “Hola suegro,” y “Sale vale.”

¡Y tiene un suegro bien a todo dar! Porque, fin del cuento, hubo mole. Mole de camello—quizá no muy normal—sin embargo, mole.
Cuando hablamos de lo no muy normal, hay que considerar a Jesús. ¿Quién más ama con un amor tan incondicional? ¿Quién más perdona a tan gran costo? ¿Quién más pone paz en un corazón tan lleno de conflicto y da propósito a una vida sin chiste?

Entonces puede ser que la familia Schultz es un poco anormal, pero quizá sea por herencia. Uno nace de nuevo y se vuelve como su Padre. Por seguro a Dios no se le vale decir “¡Oye Dios, no eres normal!” Entonces mejor hablamos de paradojas.
¿Qué de la paradoja de amar a un mundo que de El se olvida?
¿Qué de la paradoja de sufrir la muerte para que nosotros viviésemos?
¿Qué de la paradoja de usarnos a ti y a mí para llevar el mensaje de esa vida a las naciones?

¿Ser normal? Gracias pero no. No lo quiero, para nada. Servir a Jesús es mucho más fascinante, es mucho más especial, es mucho más hermoso.

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20. ¡Zas! a la Planta de Sus Pies

En Argelia, la policía arrestó a un hombre por haberse convertido a Jesús. Tomaron el varón, lo detuvieron, y le gritaron preguntas:
“¿Verdad que tú dices que Jesús es más que Mahoma?”
“No,” contestaba el acusado. ¡Zas! Con garrote golpearon la planta de sus pies.
“¿Verdad que tú dices que Jesús es más que un profeta?”
“No.” ¡Zas!
“¿Verdad que tú dices que Jesús es el hijo de Dios?”
“No.” ¡Zas!
“¿Verdad que tú dices que tus pecados han sido lavados en la sangre de Jesús?”
“No.” ¡Zas!
“¿Verdad que has deshonrado a tu familia, dejando la fe de nuestros padres?”
“No.” ¡Zas!
“¿Verdad que tú dices que Jesús llena el hueco del corazón?”
“No.” ¡Zas!
“¿Verdad que tú dices que ahora Dios es tu padre?”
“No.” ¡Zas!
Pero al fin de cuentas, los agentes se dieron cuenta que se habían equivocado de hombre. Habían arrestado a uno que se parecía al nuevo convertido, pero no era él. Dejaron libre al golpeado. Pero éste no quedó tranquilo. Las palabras que había escuchado de la policía—entre golpes—palabras tan lindas como tener los pecados perdonados, satisfacer el vacío del corazón, tener a Dios como padre—eran palabras irresistibles para él. La policía, sin saberlo, le había predicado el evangelio. El hombre quedó asombrado. Pensó: él que se convirtió, aquel cuyos golpes me dieron a mí, seguramente sabía el precio que iba a pagar por escoger el camino de Jesús. Si él hizo esto, a sabiendas de tan gran costo, seguramente tiene que ser la verdad. Y el parecido del convertido entregó su vida a Aquel que ama, perdona, y adopta.

En Sudán, un ex-imán llamado El-Faqi fue encarcelado en marzo de 1998 después de su conversión a Cristo. Pero ahora el gobierno no sabe qué hacer con él. Ha sido trasladado de una cárcel a otra, pero sucede la misma cosa en cada una: él predica de Jesús a los demás presos y ¡en cada cárcel se ha empezado una iglesia!
Sudán sigue siendo una nación donde el gobierno ha aprobado una jihad (“guerra santa”) contra los cristianos, por parte de los seguidores del Islam. Son cientos y miles de cristianos de Sudán quienes sufren una de tres desgracias—violación, esclavitud, o muerte.

En todo el mundo musulmán, la gente está pagando caro por encontrar a un Dios verdadero.

Hay más musulmanes que cristianos en el mundo. Casi uno de cada cinco personas es musulmán (1.2 mil millones en el mundo entero). Su número va aumentándose casi 3% cada año. Cruzando nuestra frontera a los EUA encontramos 15,000 musulmanes latinos—mexicanos, brasileños, colombianos, etc. Ahora el Islam tiene sus ojos sobre México mismo.

Pero Dios sigue reinando y sigue siendo hacedor de maravillas a favor de Su reino. Un reporte que viene del norte del África nos cuenta de 65 milagros que sucedieron todos en una misma noche. Aparentemente los musulmanes fundamentalistas estaban esperando en el lugar secreto de reunión de un grupo de 65 creyentes. Pero a la hora de la reunión, ningún cristiano apareció, ni el predicador quien había sido invitado especialmente. A cada uno algo había sucedido—se les ponchó una llanta, les llegó una visita de familiares en la casa, o una multitud de otros sucesos. Dios coordinó 65 eventos para evitar la muerte de sus hijos.

Y Dios sigue tocando vidas, sigue demostrando Su poder, sigue amando y atrayendo a los musulmanes a la verdad. Una cierta mujer musulmana buscaba liberación de espíritus. Fue con doctores y con los líderes musulmanes, pero nadie le podía ayudar. Por fin un faquir le dijo, “Ve con los cristianos porque ellos sí te podrán ayudar.” Entonces fue a una iglesia donde oraron por ella y en el nombre de Jesús esta mujer fue liberada. Ahora ella, su esposo, y todos sus hijos siguen a Jesús.

Los muros del Islam están cayendo como los de Jericó. Pero faltan guerreros quienes entrarán a tomar al pueblo. Dios está haciendo algo nuevo en México, Dios está levantando un ejército para ir a las naciones, Dios está ungiendo un ejército para ir a las naciones, Dios está enviando ya Su ejército a tomar las naciones.

¿Verdad que tú dices que Jesús es más que Mahoma?
“Sí,” contestarás.
“Entonces ve a las naciones,” dirá tu Señor.

¿Verdad que tú dices que Jesús es el hijo de Dios?
“Sí,” contestarás.
“Entonces ve a las naciones,” dirá tu Señor.

¿Verdad que tú dices que tus pecados han sido lavados en la sangre de Jesús?
“Sí,” contestarás.
“Entonces ve a las naciones,” dirá tu Señor.

¿Verdad que Jesús dice “Ve y haz discípulos a todas las naciones?”
“Sí,” contestarás.

“Entonces ¿irás o no irás?” preguntará tu Señor.

“Contigo desbarataré ejércitos, y con mi Dios asaltaré muros… por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová.” Salmo 18.29 y 49

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21. Ramadán y Sueños de Tostadas de Ceviche
Por Jasón Schultz

Una quinta parte de la población del mundo es musulmán. ¡Hay más musulmanes que cristianos! Y cada año los musulmanes por todo el mundo celebran su mes santo—llamado Ramadán—con un ayuno. Jasón Schultz estuvo en Marruecos durante el mes del ayuno.
Miré mi reloj. Era demasiado temprano. Miré el sol. Faltaba mucho para que se pusiera. Yo tenía todo el día esperando, pero las horas parecían alargarse más y más. ¿Qué era lo que esperaba? Desayunar.
Estaba en Marruecos, en el mes de Ramadán. Durante este mes todos los musulmanes ayunan desde que sale el sol hasta que se pone. Yo no sabía muy bien de lo que se trataba. Iba por unos meses a vivir con unos misioneros mexicanos y experimentar el campo misionero. Recuerdo el primer día cuando Adolfo, el misionero, me dijo: “Jasón, nosotros estamos ayunando el Ramadán, tú puedes ayunar si quieres.” Yo pensé, ¿Qué tan difícil puede ser el ayuno, si mil millones de personas lo hacen? Había ayunado dos o tres veces antes, aunque por lo general lo rompía al mediodía, pero si contabas las horas de la noche ¡eran ayunos de dieciséis horas o más! “¡Claro que sí, Adolfo, yo sí le entro al ayuno!” Creo que un ángel por allá arriba ha de haber dicho: “¡perdónalo Señor, porque no sabe lo que hace!”
Trataba de hacer cualquier cosa para gastar tiempo, pero todo me provocaba hambre. Mi mente siempre corría al refrigerador. Prendía la televisión, pero no le entendía nada porque estaba en Francés, y me acordaba del chef Francés que salió en la Sirenita. Me ponía a tocar música, pero la guitarra se me figuraba como una pera grandota. Para colmo, durante el día todos cocinaban mucho para comer durante la noche, cuando sí se puede comer. Los aromas que salían de las casas alrededor eran una tortura. Nunca he tenido tanto antojo por comer. ¡Soñaba con comer tostadas de ceviche o unos tacos de pescado, estilo Ensenada!
Durante el día no se puede comer nada, ni tomar ningún líquido, tampoco pueden tener relaciones sexuales, ni fumar (¡lo bueno que yo no llevaba mis Malboros!). Algunos musulmanes de hueso más colorado, ¡ni siquiera tragan saliva durante el ayuno!
Todo el día la gente está de mal humor. Todo el mundo tiene hambre y está esperando que se ponga el sol para comer. Cuando el sol se pone, de todas las mezquitas se hace el anuncio que se puede romper el ayuno. Yo no le entendía nada de lo que gritaban esos hombres en árabe, pero en mi mente el mensaje era muy claro: “¡A COMER!”
El ambiente en la noche era de fiesta. Primero se desayuna en la tarde, luego la “comida” es como a las 10 u 11 de la noche, y la “cena” es a las cuatro de la mañana, para poder aguantar el siguiente día. Pero muchos salen a pasear durante la noche, comen con amigos, y se la pasan festejando. Suena chistoso, pero se come más durante este mes de ayuno que en cualquier otro mes, porque, como dice un dicho árabe: “hay que retacar para poder ayunar.”
La obediencia de los musulmanes es impresionante. Ellos están dispuestos a ayunar durante todo un mes, sirviendo a un dios lejano que ni siquiera conocen. Y nosotros quienes conocemos a un Dios verdadero, ¿qué tanto estamos dispuestos a hacer para Él?

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22. ¿Podemos Quedarnos Sentados?

La acusación es “homicidio.” La acusada, una joven pakistaní de 17 años. La víctima: su amiga.
La historia empieza cuando Saleema, una jovencita cristiana en medio de un país musulmán, regaló una biblia a su amiga Raheela, una musulmana. Raheela se enamoró con el Jesús que encontró en las escrituras y el Viernes Santo ella halló el valor para asistir a un culto cristiano por primera vez en su vida. Esa mañana Raheela entregó su vida a Jesucristo.
Cuando los padres de Raheela supieron lo que había sucedido, ellos golpearon, patearon y torturaron a su hija. Cuando Raheela rehusó negar a Cristo, sus padres arreglaron un matrimonio para ella con un varón musulmán. Raheela huyó y se escondió.
Sus padres hicieron que las autoridades encarcelaran a Saleema, a sus padres, a su pastor, y al hijo del pastor. Saleema fue repetidamente golpeada y violada y tuvo otras torturas peores. Ella les dijo que no sabía donde estaba su amiga y no tenía que ver con su huida. Las autoridades hicieron que Saleema se parara de puntitas por 12 horas. Cada vez que ella bajaba de esta posición la golpeaban con un palo.
El pastor de Saleema estaba puesto en la misma celda con ella. Los guardias los desnudaron y trataron de forzarlos a fornicar. Cuando rehusaron, otra vez fueron golpeados. El hijo del pastor fue colgado de un árbol, boca abajo, y golpeado.
Tres semanas más tarde Raheela fue descubierta escondida en un albergue, y fue traída ante el pueblo y públicamente ejecutada. Ella pudo haber escapado de la muerte si hubiera negado su fe en Jesucristo y regresado a su herencia musulmana, sin embargo no lo hizo. Saleema ahora es acusada de asesinato. Las autoridades religiosas han argumentado que si Saleema no le hubiera dado la biblia a Raheela entonces la joven musulmana no hubiera apostatado y no hubiera sido ejecutada. Si es hallada culpable Saleema también será ejecutada.

En Egipto, hace poco, en la ciudad de Al-Kosheh, la policía instigó una redada, deteniendo 1,200 cristianos. Fueron rodeados tras la muerte de un musulmán quien otros musulmanes creen que fue asesinado por cristianos, a pesar de que doctores dijeron que la muerte se debió a causas naturales. Luego la policía torturó a muchos de los detenidos. Fue una de las más horribles escenas de persecución religiosa que el mundo moderno jamás haya visto. La gente fue atada de las manos a puertas, luego golpeados y torturados con shocks eléctricos en sus genitales. Chicas adolescentes fueron violadas. Aún los bebés no se escaparon. Sus madres fueron forzadas a poner a los bebés en el piso y observar cómo la policía los golpeaba con sus palos.
Cuando unos líderes protestaron por los golpes, violaciones, y las torturas, el jefe de la policía regional les dijo: “No han visto nada todavía.”
La triste realidad es que estas historias son demasiado muy comunes. Particularmente en naciones musulmanas, donde los niños muchas veces son golpeados severamente por “actos de desobediencia en contra de Mohamed”. Niños han sido ahogados en piscinas por convertirse al cristianismo. Otros son tomados de sus casas y enviados a escuelas musulmanas dirigidas por extremistas radicales. Aún así, hay hambre entre los musulmanes que sólo Jesucristo puede satisfacer.

En Cuba, en octubre, una hermana prominente fue asesinada. Unos desconocidos entraron a su casa y después de haberla golpeado (y al parecer abusado de ella) la estrangularon. “Nadie vio nada.”

Con tanta gente sufriendo así en nuestros tiempos, en nuestro alrededor, yo pregunto, ¿qué estamos haciendo nosotros para el reino de Dios? ¿Podemos quedarnos sentados cuando Dios nos ha ordenado atacar, y cuando otros están sufriendo por su fe en Cristo?

Aún aquí en nuestro México hay mucho trabajo que hacer, y se está haciendo. Recientemente se han producido audio casets del evangelio en Cora. Los Coras han sido muy resistentes al evangelio. Estos casets proveerán una gran oportunidad para penetrar a su región con el mensaje. Los Tepehuanos viven escondidos en la sierra y los valles de la Sierra Madre. Jerry Witt (hermano de Marcos) y otros tienen planes de aventar radios desde el aire (de avionetas) para que esta gente pueda escuchar la verdad de Dios. Son radios que reciben solamente la señal de una emisora, la cual está proclamando el evangelio. Se oye medio raro, pero demuestra la creatividad del ejército de Dios en su compromiso de proclamar el reino.

Jesús nos enseñó a orar diciendo, “Venga Tu reino.” Nuestro trabajo aquí en la tierra es establecer el Reino de Dios sobre toda la faz de la tierra. Para hacer lograr esto Dios nos ha mandado a ir a todo el mundo, a todas las naciones. No tenemos la opción de estar sentados sobre las sentaderas y dejar que otros hagan lo que a nosotros nos corresponde. ¡México ha entrado a la guerra! ¿Has entrado tú?

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23. “¿QUIÉN IRÁ POR NOSOTROS?” – Con Tu Ayuda, y Con la Mía

Los pumé de Venezuela creen que bañarse es una ridiculez. ¿Para qué bañarse, si uno se va a volver a ensuciar? Por eso los pumé no se bañan.
Los denis tienen un remedio interesante para el dolor de cabeza. Amarran un montón de hormigas de fuego a palitos, las ponen sobre la frente de uno para que le piquen, y luego ¡se va el dolor de cabeza!
Los mastanahuas tienen la cura para el dolor del codo. Alguien come muchos chiles y luego sopla sobre tu codo.
Los maiongong encierran a las jóvenes en una choza por meses, dándoles latigazos hasta que se vuelven “inteligentes.” Inteligente para los varones maiongong, es lo mismo que sumisa.
Después de que la mujer apinajé da a luz a una criatura, el marido descansa por algunas semanas! ¡Es trabajo difícil!

Fácil es reírnos de las creencias de los que viven en tierras lejanas, pero no siempre son chistosas las creencias (como en el caso de hacer “inteligente” a las muchachas) y no siempre están tan lejos de nosotros. Aquí en México los chamanes de cuatro pueblos indígenas (huichol, cora, náhuatl, y tepehuano) están queriendo evitar un “cataclismo” mundial (así lo llaman, pero están pensando a nivel de sus cuatro razas). Una de sus propuestas serias es la de llevar a cabo un procedimiento de ceremonias, donde se sacrificará un ser humano de cada una de las cuatro tribus, de preferencia un niño entre 10 y 14 años de edad. Esta propuesta la están presentando ante el presidente de la República, para el consentimiento legal de esta ceremonia de parte del gobierno, algo que sabemos es que no se concederá. Por lo tanto, como ha sucedido antes, al recibir la negativa del gobierno, procederán a efectuar dicha actividad clandestinamente (esto ocurrió durante la presidencia de Salinas de Gortari).

El mundo está lleno de gente “rara” que tiene creencias “raras” y hace cosas “raras”. Son raros porque no conocen a Dios. El trabajo de la iglesia es “des-rariarlos,” dándoles palabra de esperanza, dándoles oportunidad de vida eterna. ¿Dónde está la iglesia? El corazón de Dios palpita misiones mientras sus hijos andamos en otra onda. En México hay alrededor de 260 grupos étnicos, varios de ellos que no han sido alcanzados con el evangelio. En el mundo entero hay 8,000 grupos étnicos que esperan el amor de Dios con la llegada de algún misionero. ¿Dónde está la iglesia?

Hace 207 años cuando toda la iglesia estaba completamente dormida en cuestión de nuestra tarea de alcanzar a las naciones, un joven zapatero se puso de pie en medio de una reunión de pastores y compartió que él veía en las escrituras que Dios quiere que vayamos a proclamar a Cristo a todo pueblo, lengua, tribu, y nación. Un hombre “más cristiano” que él le respondió, “Joven, siéntate. Si Dios quiere alcanzar a los paganos, lo hará sin la ayuda tuya, y sin la mía.” Gracias a Dios que el zapatero Guillermo Carey no le hizo caso, y no se sentó. Sino se levantó y se aventó para la India. Nació con él lo que hoy llamamos el movimiento moderno de las misiones.

Hoy en día Dios está levantando un ejército de latinos para ir a cubrir la tierra con el nombre de Jesús. Se están lanzando al mundo musulmán, a la India, a la Ventana 10-40, a las tribus de las selvas, y a los grupos no alcanzados de nuestro México.
Joven, a ti te digo LEVÁNTATE. Adulto, a ti te digo LEVÁNTATE. Mexicano, a ti te digo LEVÁNTATE. Porque Dios sí quiere alcanzar a los paganos. Dios sí quiere ser glorificado entre las naciones. Dios sí quiere que todo hombre sea salvo. Y lo quiere hacer con la ayuda tuya, y con la mía.
Vámonos, nuestra hora ha llegado.

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24. Invitaciones Para la Boda – es Hora de Repartirlas

Ahora escribo desde Honduras. La historia enseña que se llama así porque cuando Cristóbal Colón llegó a sus playas—después de sobrevivir una tormenta de 28 días en el mar—exclamó, “¡Gracias a Dios que hemos salido de estas honduras!”
La población entera de esta nación no llega a la cuarta parte del número de gente en la ciudad de México. Honduras tiene ocho grupos étnicos, uno de ellos—los Garífunas—llegaron en 1655 al naufragar un barco que cargaba esclavos.
Honduras es verde y hermoso, la gente es linda. El producto de mayor exportación es el plátano. Pero difícilmente encontrarás uno en el mercado aquí—¡todos van al exterior! Y de todos modos aquí no se llaman plátanos, son bananos.
El aeropuerto internacional parece haber salido de una película de Indiana Jones. La pista es tan pequeña que literalmente la policía tiene que parar el tráfico en dos calles fuera del aeropuerto en caso de que los aviones no alcancen aterrizarse bien sobre la pista.
Como en muchos países centroamericanos la gente comúnmente carga armas. Hasta la iglesia en la capital donde prediqué tiene sus guardias con todo y rifle. Una mañana estábamos en el carro y hubo problema entre dos vehículos frente a nosotros. El chofer más enojado salió de su vehículo y fue contra el otro, con pistola en la mano.

Cuba es un lugar de pobreza exagerada. Todo es régimen, leyes, y hacer filas. Hacer filas para comprar comida. Hacer fila para ir al médico. ¡Hasta hacer fila para ir a las playas! ¡Imagínate!
Pero Dios se ha estado moviendo en Cuba. La gente tiene hambre. Los que conocen al Señor lo aman con todo su corazón y conocen la Palabra con una profundidad que deja a nosotros los mexicanos pálidos en comparación.
Ahora es el tiempo para Cuba. Muriendo Castro, se cree que la fuerza de su gobierno morirá con él. Se teme que entrará el materialismo del norte y de Europa, como ha sucedido en Rusia. Ahora es tiempo de ir, ahora es tiempo de llenar el hueco que la gente siente—llenarlo con Cristo antes de que sea falsamente llenado con el dinero, el amor a las cosas materiales, y el afán. Se ve que en muchos mexicanos Dios está poniendo una carga para Cuba.

Turquía es otra nación donde también el Espíritu se está moviendo. Un misionero mexicano recientemente bautizó a cuatro personas. Están en la antigua ciudad bíblica de Antioquia que ahora se llama Antakya. Hay que orar por la iglesia valiente que está naciendo de nuevo en esa tierra.

En la amazona, Dios está haciendo buenas cosas entre las tribus. Una misionera, recién regresada de Canadá, escribe:
Cosisiwa llegó a visitarme en cuanto llegué de nuevo a Coyowateli (Cosisiwa es jefe Yanomamö de otro pueblo que sucesivamente está en guerra con los de Coyowateli.) “Nos ha ido mal,” me dijo. “Quince de los nuestros han muerto. Julia hizo luto por su bebé. Dos niños más grandecitos también murieron. Casi todos los bebitos ya no están. Pedro lloró por su chiquitito, eso me hizo enojar. Me llené de ira. Pero llegaron unos doctores y me dijeron que no fuera así.” (Con esto decía que culpaba a la brujería por la muerte del hijo de Pedro y quiso vengar su muerte, pero los doctores le convencieron que no era culpa de nadie.)
Luego Pedro se fijó en las cajas que yo había traído. “¿Viste a Hermano Von?” me preguntó.
“Sí,” le dije.
“¿Te regaló las grabadoras que nos prometió para que podamos escuchar en nuestro pueblo los mensajes sobre la Palabra de Dios?”
“Sí,” le dije, “¡y no solamente esto, pero me dio muchas pilas también!”
“¡Jao!” dijo asombrado, ¿Entonces él de veras nos estaba diciendo la verdad, ¿öjö malä cui? (¿verdad que sí?)”

Otra tribu, los yuanas, son muy diferentes a los feroces yanomamös. Ellos ni siquiera demuestran enojo. Tampoco hacen luto por sus difuntos. Ellos están recibiendo la historia bíblica en orden cronológico. Pero batallaron para entender muchos conceptos que no existen en su propia cultura. Ahorita están aprendiendo del rey Faraón y los israelitas en Egipto. No saben lo que es un rey, un esclavo, un látigo. No manejan el concepto de la autoridad. No tienen jefe, ni el padre de la familia tiene mando. Mi amigo escribe:
Los yuanas estaban indignados con el plan de Faraón de matar a los niños recién nacidos. “¿No tiene vergüenza?” preguntaron juntos.
Les expliqué lo que es la esclavitud. “Cuando un esclavo cae agotado al suelo, lo levantan con latigazos, haciendo que trabaje a fuerzas.” Luego les enseñamos un cuadro de un egipcio castigando a un esclavo con el látigo. Sus bocas quedaron abiertas con asombro. Jamás habían imaginado tal cosa.
Esto nos presentó la oportunidad de explicarles que nosotros también somos esclavos—esclavos de Satanás. Y que Dios tiene un plan para liberarnos de nuestro amo igual como iba a liberar a los israelitas de los egipcios.

En agosto de este año en el congreso de Adoradores Marcos Witt invitó a su hermano Jerry que compartiera sobre su trabajo entre las etnias. Marcos y Jerry son hijos de misioneros y son dos varones con una profunda carga misionera. Jerry llevó un hombre tepehuano—un pastor y misionero. Este varón compartió sobre su pueblo, su gente, y de la gran pobreza espiritual que sufren.
Compartió, “Antes de que viniera el evangelio a nuestro pueblo, solamente teníamos temor, oscuridad, muerte, y hambre. Ni siquiera música había en nuestra lengua nativa!” Luego este siervo de Dios rogó a los miles de asistentes que le ayudasen con la tarea de alcanzar a los tepehuanos. “Yo nada mas soy uno,” dijo, “pero ustedes son muchos.”

Sí, Modesto, estoy de acuerdo. Somos muchos. Dividámonos y vayamos a las naciones. Unos a Honduras, otros a Cuba. Unos a Turquía, otros a Egipto. Unos con los yanomamös, otros con los yuanas. Unos con los tepehuanos y otros con los 8,000 grupos étnicos que aún no han sido alcanzados con el evangelio de Jesús. Ya casi es tiempo de la boda y la mesa del banquete ya casi está lista.
Ya es hora. Es hora de ser hombres y mujeres misioneros. Es hora de ser iglesia misionera. Es hora de repartir las invitaciones.

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25. De Pronto un Grito — ¡Rumba!
Por Jasón Schultz

¡PUM! La luz de un relámpago penetró la oscuridad, como el flash de una cámara. Rayo tras rayo explotaba, iluminando las aguas del Golfo de México. Mi vecino del avión apuntaba a la ventanilla con una sonrisa, “¡Oye chico, parece que Dios nos está tirando fotos!” A lo lejos se veían pequeñas luces de La Habana. Después de unos momentos, mi compañero cubano añadió en un tono más pensativo: “Espero que Dios, por fin, se acuerde de esa isla.”
El primer obstáculo para entrar a Cuba es una pequeña casilla en el aeropuerto que dice: MIGRACIÓN. Para entrar, yo necesitaba darle a los oficiales la dirección de donde estaría. El pastor me había dicho que vivía en la ciudad de Matanzas, pero yo no tenía su dirección. Tratando de acordarme del nombre de la ciudad le dije al oficial: Yo voy a la ciudad de Matadero. ¡Después me dijeron que el matadero era un rastro afuera de la ciudad de Matanzas!
Me llevaron con un hombre alto, en uniforme militar, con una barba que cubría todo su rostro. Yo lo miré y pensé ¡Ese es Fidel Castro! Pero no. Era un soldado. El me llevó afuera donde estaba el pastor el cual le dio la dirección que necesitaba para entrar.
Al entrar, sentía que había viajado unos 50 años atrás. Todo parece de los años 50. Los carros antiguos, los edificios en descomposición, la tecnología atrasada. ¡Nada mas faltaba Elvis Presley! Lo único moderno que hay es para los turistas, y está fuera del alcance de los cubanos. Pero yo no iba a ver los lugares turísticos, sino a mis hermanos.

Cerca de una de las playas más hermosas del mundo, se encuentra una pequeña iglesia. Bueno, oficialmente no son una iglesia porque el gobierno no les ha dado los papeles necesarios, son sólo un “grupo de oración”. El pastor me había invitado a compartir, y llegué con entusiasmo junto con otras 40 ó 50 personas que trataban de entrar en la sala y el patio de la casa. Me sorprendió que no había ningún instrumento y le pregunté al pastor si quería que trajera mi guitarra. “No,” me dijo. “La alabanza aquí es un poco diferente. Es que no nos permiten cantar ni tocar.” Me dejó asombrado. Lo único que podían hacer era poner un casete de alabanza, y todos escuchar en un “ambiente de alabanza”.
¡Pero Satanás no puede detener la alabanza con sólo una orden del gobierno! Estuve en tres campamentos juveniles, donde se reunieron cientos de jóvenes, a pesar del clima, que me hacía sentir que estaba en un baño sauna. En cuanto empezaba la música, los muchachos levantaban sus manos, cantaban a toda garganta y muchas veces adoraban empapados de lágrimas. ¡Ellos sí saben lo que es adorar!

El salario promedio en Cuba es de unos 10 dólares al mes. Y no es que las cosas sean muy baratas. La mayoría de las tiendas venden en dólares, ¡con precios iguales a los de los Estados Unidos! Es increíble ver como ellos sobreviven con tan poco dinero. “El Cubano inventa”—vez tras vez me decían esto, refiriéndose a la necesidad de buscar otras formas para comprar cosas. La mayoría no tiene carro, no tiene comodidades, no come carne, no viaja, pero lo que sí tienen los cristianos es gozo.

En los campamentos de pronto estallaba un grito: “¡RUMBA!” De inmediato todos buscaban algún instrumento. Los afortunados tenían una guitarra, unas maracas o unas congas. Pero en Cuba hay muchos más instrumentos musicales: un plato de aluminio golpeado con una cuchara, una caja usada como tambor, el alambre de un cuaderno y una pluma que hacen un excelente güiro, y si no hay nada más, ¡siempre están las palmas! Literalmente se pasaban horas cantando juntos, sin director de alabanza, sin horario de culto, ¡pero con un gozo inigualable! Dios está haciendo cosas en Cuba.

Ahora es el tiempo de Dios para esta nación. Por años los cristianos han sido perseguidos, maltratados y aplastados. Pero las cosas están cambiado. Desde la crisis económica a principios de los 90’s, miles han entregado su vida a Jesús. Las iglesias están prendidas y creciendo. Es como una gran ola del Espíritu que está arrasando la isla, aunque todavía hay persecución. El gobierno emplea a todos en Cuba, y los ministros cristianos se les pide con frecuencia suspender su ministerio o de lo contrario serán despedidos. Miles están listos para convertirse en evangelistas y pastores pero no pueden romper el yugo del gobierno. El gobierno confisca las casas que son utilizadas como iglesias, y los materiales religiosos son destruidos.

Dos sucesos recientes han abierto puertas de oportunidad para la comunidad cristiana: la visita del papa hace un año y el homicidio—hace unos meses—de una mujer cristiana, bien conocida y respetada. Fidel ha hecho movimientos de paz hacia los cristianos.
El permitirá a los cristianos evangelizar esta primavera. Los cristianos podrán evangelizar abiertamente por seis semanas. Grupos “protestantes” planean llevar a cabo una Celebración Cristiana la cual incluirá campañas en estadios, evangelismo en las calles, y visitas casa por casa. El evento no tiene precedente en este país comunista. ¡Fidel está prestando la Plaza de la Revolución para una de las campañas!
El gobierno ha reconocido los beneficios sociales del cristianismo, como el decremento en el crimen y en la corrupción. El alcance evangelístico va a abrir una represa que nadie va a poder contener. Dijo un visitante quien acaba de regresa de la isla, “La iglesia en Cuba está compitiendo con China en entusiasmo y crecimiento. Ellos tienen una mentalidad misionera y están optimistas sobre el futuro.”
Muchos jóvenes se están convirtiendo a Cristo. Las membresías de la Liga Juvenil Comunista están reduciéndose al encontrarla con promesas vacías. El desaliento y el suicidio prevalecen entre los jóvenes quienes están buscando la verdad y una razón para vivir. Cuando ellos acuden a la iglesia, perciben un gozo y amor que el comunismo no les puede proporcionar.

Un pastor de Cuernavaca tuvo una visión donde veía al país de México encendido en llamas. Esto representaba el fuego de Dios en nuestro país. ¡Luego vio como las llamas empezaron a saltar desde México hasta Cuba! Dios quiere usar a México para bendecir a Cuba. Tú puedes ser parte del mover de Dios en Cuba.
Hay muchas cosas que puedes hacer:
1. Primero puedes orar. Orar por la iglesia en Cuba, por el gobierno, por los inconversos, por la salvación de Fidel. El diablo está tratando de detener la ola del Señor, pero con nuestras oraciones derribaremos fortalezas.
2. Dar. Otra cosa que puedes hacer es dar. Como creyentes tenemos la oportunidad de bendecir a la iglesia de Cuba. Cualquier material cristiano—libros, estudios bíblicos, biblias, música, medicamentos etc—todo es de bendición para los hermanos allá. Si conoces a alguien que tiene contacto con Cuba, puedes mandar algo. En Ensenada las iglesias Libres Para Servir (cordovas@telnor.net) y Bethel de Lomitas— (01-646 176-5868) envían equipos a la isla. Y cualquier ofrenda económica es una tremenda ayuda, en particular el sostén de pastores.
3. Ir. La mejor manera de involucrarte en lo que Dios está haciendo es ir. Un boleto de avión, viaje redondo, cuesta alrededor de unos 400 dólares. Te invito a participar en lo que Dios está haciendo. Sé parte de la ola, sé parte del fuego, ¡éntrale a la rumba!

Con contribución de Heriberto González y ayuda de Pelo Shine

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26. Tocando las Ballenas — ¡Y las Naciones!

Fuimos a Baja Sur para ver las ballenas, mi hija Rebecca y yo. Es más padre que Sea World porque no hay Shamús de peluche que los hijos insisten que uno compre, y las hamburguesas no te cuestan cinco dólares. Bueno, a donde fuimos ni tacos hay, mucho menos hamburguesas. Pero de todos modos es más suave que Sea World.
Anduvimos en una lancha con el Señor Chema—hombre con cara de pescador, arrugada y quemada por el sol. El sabía donde estaban las ballenas. Al llegar con ellas, las ballenas se arrimaban al bote y nosotros les extendimos las manos para tocarlas una y otra y otra vez.
¡Qué sensación! ¡Qué maravilla! Animales tan enormes, tan gigantescos, pero bien que pudimos llegar a tocarlas. Nosotros tan pequeños, ellas tan grandes, y uno los acaricia como si fueran gatitos.

La iglesia mexicana, como nosotros al estar junto a las ballenas, ha tenido un complejo de “qué pequeños somos”. Pero igual a como Rebecca y yo pudimos extender la mano y tocar las ballenas, los mexicanos estamos aprendiendo que podemos extendernos hacia las naciones. Nada de pequeños somos, nada de inferiores, nada de insignificantes, porque tenemos un Dios grande quien hace cosas buenísimas por medio de nosotros. Es cuestión de extendernos y querer tocar.

Déjame contar dos relatos para explicar mi punto.
Los dos verídicos (aunque cambio los nombres).
Los dos recientes.
Los dos de mexicanos…

Miguel Mendoza fue a Cuba. Era su primer viaje. No fue en plan de Billy Graham, sino en plan de Josué y Caleb. Fue para espiar la tierra. Fue para conocer. Fue para seguir a Dios.

Lástima que unos ladrones se metieron al carro a robarle. No robaron el carro—de todos modos era rentado—pero sí tomaron su pasaporte, su visa, y cosas personales. ¿Cómo iba a salir de la isla sin pasaporte y sin visa?
Fue al Consulado Mexicano. “No can do,” le dijeron, como buenos mexicanos. “Primero hay que reportar el robo a la policía.” O reportar el robo, o quedarse en Cuba con Fidel.
Miguel fue a reportar el robo.

El sargento quien lo recibió era algo fornido, algo malhablado, y algo bruto. Tomó los datos y subió al vehículo con Miguel. Les acompañaron algunas patrullas. Sergio el sargento arrestó a 17 personas aquella noche, estando junto con Miguel. Los arrestó a golpes y patadas, pero ninguno de ellos era el culpable. Miguel me dice que él oraba que Sergio no hallara al indicado, porque por seguro era capaz de matarlo.
Durante el transcurso, Sergio metió un caset de Miguel al estéreo. De casualidad era de Marco Barrientos. Cosa nueva para este hombre duro. Le preguntó a Miguel—Miguel quien no fue en plan de Billy Graham, quien fue nada más a seguir a Dios—le preguntó qué clase de música era esta. Miguel aprovechó el momento para hablarle de unas muy buenas nuevas. Sergio empezó a llorar. Paró el carro. Dejó caer las lagrimas. Miguel le ayudó a nacer de nuevo. Ahora es de los nuestros. Todo por un pequeño mexicanito con un Dios grande quien hace cosas por medio de Sus siervos.

Historia #2.
Federico es pastor en Ensenada. El me ha dicho, “Hace algunos años yo no sabía nada de las misiones… yo decía que nuestra iglesia no era una iglesia misionera.” Pero desde entonces Federico ha estado en Rusia, en Cuba, y en la India— ¡varias veces!
Federico supo de un pastor chino, encarcelado por predicar el evangelio. El gobierno chino cobraba cierta cantidad para soltar al preso. Los cristianos chinos la tienen que pensar dos veces para tratar de librar a los presos creyentes por temor de las repercusiones. Dijo Federico, “Yo voy.” Y no es que se cree muy Pancho Villa, sino es que él sabe que es hijo de un Dios grande.
Al llegar a China Federico y sus compañeros mexicanos rentaron cuartos en un hotel. Pero en vez de ser de cinco estrellas el hotel resultó ser de cinco espías. La policía china es media trucha, con tanto chop suey que comen y palitos que usan, han aprendido como corren las aguas.
Cuando Federico y sus compañeros salían de sus cuartos, entraban ciertos tipos a esculcar sus pertenencias. Hallaron biblias y literatura cristiana. Las autoridades detuvieron a los hermanos y ordenaron que toda esa literatura fuese regresada a México. También, por medio de micrófonos que habían escondido en el cuarto de Federico, escucharon mientras los hermanos tenían un tiempo de oración—el cual incluía orar en lenguas. Las autoridades ahora estaban más convencidas aun, que todos los de la pandilla de Federico eran espías. Al tenerlos detenidos los oficiales interrogaron a los hermanos, indagándoles cuales idiomas hablaban. ¡Pobres chinos, no sabían con quienes se habían metido!
Pero luego los metiches robaron de la caja fuerte en el cuarto los documentos de Federico. Otra vez el pasaporte, la visa, y el dinero. ¡Cómo que esto está muy de moda ahora! Interrogaron a Federico de nuevo, investigándolo como espía. Le informaron que no saldría del país hasta que su caso fuera solucionado.
Fin de cuentas, el pastor chino fue librado de la cárcel. Dios contesta la oración. Usa a el que esté disponible. Federico también fue librado de la China. Una vez más come tacos de pescado en la bella Ensenada. Dios contesta la oración.

¿Y tú, y tu “pequeña” iglesia? Te estás haciendo disponible para que Dios te use? Hay un lugar para ti en las misiones. Hay trabajo que hacer. Extiende la mano, extiéndete a ti mismo, toca a las naciones. ¡Qué sensación! ¡Qué maravilla! Tarea tan enorme, naciones en tan densa oscuridad, pero bien que las podemos tocar.
Dios te usará a ti, a mí, a nosotros los mexicanos. Manos a la obra, entremos al fluir de Dios para las naciones.

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27. Hombres Gordos, Narices Grandes y Te Amo Tres Veces

A mi me gusta la cultura de los zermas de África. Bueno, nunca he ido con ellos, ni conozco ningún zerma, pero hay algo bien padre de su cultura. Les gusta la gordura. Les gustan los gordos. Eso sí me conviene. Yo he estado batallando últimamente para perder algunos kilitos (los pierdo, ¡pero pronto los vuelvo a hallar!) Tengo la fantasía de ser más o menos como Ricky Martín. Todavía me falta.
Las mujeres zermas realizan cada año el rito del Maní Fori que tiene que ver con la matanza de unos gallos. Después de cocer los animales llega el momento más tenso cuando todo el mundo está en espera. Luego le dan los huesos del gallo a alguna de las mujeres. Esto significa “¡Qué fea eres tú, eres la más flaca aquí¡ Aliviánate.” Hasta el momento yo estoy alivianado. ¡Bien alivianado!
La biblia enseña (1 Corintios 9.19-23) que el misionero tiene que culturizarse – tiene que ser como la gente a quien quiere ganar. Hay unos mandatos bíblicos más fáciles de poner en práctica que otros. ¡Para el que es misionero con los zermas este mandato sería enchiladas!
En otras situaciones es más difícil adaptarse a la cultura. Los yanomamös de la amazona, por ejemplo, tienen la costumbre de moler los huesos de parientes difuntos y echar el polvo en una malteada de plátano. ¿Qué tal si fueras misionero entre ellos (por cierto, sí que hacen falta más misioneros allí ya que hay 20,000 yanomamös y la mayoría nunca han escuchado el evangelio) y uno en luto llega contigo y te invita a beber abuelita? “Gracias, muy amable, pero acabo de tomar una coca y no me quedó nada de sed…”
Hay que considerar, también, otro mandato bíblico para el misionero (Lucas 10.8), que dice que en cualquier situación en que nos hallemos, hay que comer lo que nos pongan por delante. ¡Por eso me ha tocado comer gusano, hormiga, chapulín, mono, caimán, rata de la selva, y hasta el famoso caldo morado! ¡Pero hasta el momento, gracias a Dios, no me ha tocado tomar malteada de abuelita!

Los kunas son otra tribu con algo hermoso en su cultura. Ellos le ponen mucha atención a las narices. No a las chiquitas, sino a las grandes. Esto también me conviene. Imagina, si yo fuera misionero con ellos, las mujeres casi no podrían poner atención a mis predis porque estarían desmayándose por mi guapura. “Miren,” dirían, “miren su nariz. ¡Qué tesoro! ¡Cuándo Marcos se acuesta parece ser la Sierra Madre! ¡Qué papacito!”
No es culpa mía que tenga así la nariz. Es la sangre italiana que fluye en mis venas—¡creo que fertiliza la nariz! Muchos me preguntan si soy árabe. Dicen que digo, “Dios te bendiga arrmano”. Pero no, mis abuelos maternos vinieron de Italia. Entonces yo digo, “¡Deo beneditto tuo, fratello!” Todos los miércoles, como toda buena familia italiana, en mi casa comíamos espagueti. En navidad y el día del pavo mi tía María hacía ravioles caseros. Hasta la fecha cuando mi esposa tiene ganas de recompensarme por ser tan buen marido me prepara una deliciosa lasaña (oye, Vero, ¡ya tienes tiempo que no me recompensas!). La próxima vez que vayamos a Egipto quiero que mi yerno Robachicas me lleve de nuevo a aquel restaurante italiano que está a la ribera del Río Nilo.

Regresando al tema de los gordos, pensemos un poco en uno de los más gordos de la biblia. Se llamaba Elí. La biblia no nos pinta un cuadro hermoso de Elí, ya que nos cuenta que era un hombre que no cumplía con sus responsabilidades. Un día Gordoelí estaba sentado en la entrada de la ciudad cuando llegaron a avisarle que el arca de Dios había sido capturado por los enemigos. Del puro susto, el gordito cayó para tras, se dio “crac” en la nuca, y colgó los tenis.

A mi se me hace que la iglesia de hoy es algo como Elí. Estamos gordos. Gordos con buena enseñanza, con tremenda adoración y música, y con un hermoso mover del Espíritu Santo. Pero ¿qué hacemos con tanta bendición? Nos engordamos y nos quedamos sentados mientras el enemigo hace guerra y quiere capturar lo que debe ser nuestro. ¡Cuidado que la gordura no nos mate!

Y de italianos, ¿qué dice la biblia? De espagueti nada, ¡Dios ni siquiera menciona la pizza! Pero sí nos habla de un italiano llamado Cornelio. No sé si tenía la nariz tamaño XX pero era un hombre que buscaba a Dios con ganas. Un día un ángel se le apareció y le dijo que mandara por Pedro.
Fue el mismo Pedro a quien tres veces Jesús preguntó, “¿Pedro, me amas?” El mismo Pedro que tres veces afirmó su amor para su salvador, “Sí Te amo, Señor.”
Al llegar Pedro con Cornelio ni siquiera sabía porque el Señor le había hablado, pero abrió la boca, Dios movió, y Cornelio fue salvo.

Lo bueno de esta historia es que Pedro sí fue.

Nosotros también decimos “Te amo Señor.” Lo decimos tres veces, diez veces, mil veces. Lo cantamos, lo susurramos, lo gritamos a llanto abierto. Pero cuando El Señor nos manda que vayamos con los que necesitan saber de El, ¿vamos?
“¿Me amas?” pregunta el Señor.
“Te amo, Te amo, Te amo.”
Entonces es hora de levantarnos. Que la gordura no nos mate.

“Te amo, Señor. Y porque Te amo, iré. Y porque voy, hablaré. Y porque yo hablo, Tú harás.
Te amo, Señor. Te amo. Sí, Tú sabes que Te amo.”

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28. México – Desde Culiacán: La Generation Next

Pedrito se inclinó hacia mí, como si el recuerdo todavía le asustara, y me susurró, “¿Ves aquel árbol allá?”
“Sí,” le dije.
“El viernes pasado seis hombres mataron a uno abajo de ese árbol. Todos andaban borrachos, y lo agarraron a palazos.”
Miguel me señaló un canal que corría a un lado del camino de tercería. “El año pasado,” me dijo tristemente, “un camión salió del camino y se fue al canal. Murieron catorce.” Así es la existencia que esta gente sufre en esta región.

Estoy escribiendo desde Sinaloa, México. Estoy en medio de 250 mil indígenas quienes dejan la pobreza y la desesperación de sus tierras para venir aquí a trabajar entre los cultivos de esta área con el fin de ganar 37 miserables pesos por día.
Los galerones donde se quedan son rústicos. A cada familia le toca un cuartito, las paredes son de lámina y se escucha todo de un cuarto al otro. Les dan agua, y en algunos de los campos les dan leña. La mayoría gozan de un foquito eléctrico. Los servicios sanitarios son escasos. La gente tiene que ser creativa…
La mayoría son de Oaxaca y Guerrero. Son mixtecos, zapotecos, náhuatl, uno que otro tarahumara, y varios otros grupos. En nuestro México hay en total, algunos 260 grupos etno-lingüísticos. Nosotros, el pueblo de Dios, hemos sido comisionados con la tarea de alcanzar estas personas para Cristo. Cuando el apóstol Juan nos narra su vistazo del cielo en Apocalipsis 7:9 nos dice, “Vi de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas.” Juan vio coras y cuicatecos, mayas y mixes, pames y purépechas. El vio gentes de Baja California—kiliwas y cochimís, paipais y kumiái. Yo me pregunto, ¿y qué estamos haciendo nosotros para que este plan de Dios se haga una realidad? ¿A quién le importan los totonacas? ¿Cuáles iglesias están intercediendo por los mazatecos? ¿Quién está evangelizando a los tzeltales? ¿Quiénes están yendo como misioneros a los kikapús?

Aquí en Culiacán un puño de valientes y entregados están anunciando a Cristo a los que trabajan entre el tomate y la amapola. ¿Pero qué son 70 personas entre 250,000? Cristo preguntó acerca de los ex-leprosos, “¿Dónde están los otros nueve?” ¿No estará preguntando ahora, acerca de sus siervos, “¿Y dónde están los otros dos millones?”?
La mayoría de los indígenas aquí hablan español sólo como su segundo idioma. Entonces los que están compartiendo a Cristo están armados no solamente con materiales en español, pero con cintas y escrituras en la mayoría de los 292 lenguas que se hablan aquí en nuestro país. ¿Sabías que hay alrededor de un millón de mexicanos que no hablan español? Necesitamos misioneros trans-culturales para entrar con estas personas. Hay unos 18 grupos étnicos no-alcanzados aquí en México. Necesitamos misioneros atrevidos y aventados para penetrar a estas culturas con las Buenas Nuevas de esperanza. Te necesitamos a ti.

El mandato fue de ir a Jerusalén, a Judea, a Samaria, y hasta lo último de la tierra. ¿No serán las tierras y sierras de los indígenas mexicanos nuestra Samaria? Samaria es el lugar de aquellos que no son tan buenos como nosotros. Son de otra clase, son de otra marca, no califican. Son oaxaquitos, morenitos, inditos. Aquí en México celebramos nuestro trasfondo indígena mientras hacemos chistes y burla de los indígenas actuales. Celebramos el hecho de que en el pasado Don Benito Juárez ocupó la presidencia, pero hoy en día no queremos que nuestros hijos asistan a clases con los descendientes del ex-mandatario. Nuestra política, nuestras películas, nuestras novelas—todas están llenas de gente rubia, gente “occidental.” La publicidad que nos dan los medios de comunicación está llena de gente blanca y alta. ¿Por qué? Porque ¿quién va a querer comprar una Pepsi si la “Generation Next” parece ser de puros inditos?
Pero la pregunta para nosotros sería si este mismo sentir no ha contagiado a la iglesia también. ¿Nos preocupamos por la salvación de aquel que ocupa el siguiente escritorio en nuestra oficina, mientras que mantenemos una “saludable” distancia de los mixtecos y zapotecos que han llegado a nuestra puerta? El rico fue juzgado porque no atendió al pobre necesitado que estaba a su puerta (Lucas 16.20). Quizá Lázaro fue indito y quizá nosotros somos aquel quien hacía cada día banquete. No hay nada malo con tener banquete—pues somos hijos de un Rey y la vida cristiana es digna de celebrar. Siempre y cuando seamos obedientes al que nos sirvió la mesa. Siempre y cuando nos interese—sin prejuicios, sin racismo, sin soberbia, sin egoísmo—que todos los demás tengan entrada a la misma pachanga.
Iglesia de Jesús, hay trabajo que hacer, hay terreno que tomar, hay enemigo que desterrar. ¡Ya es hora!

Si deseas más información sobre Proyecto Culiacán busca en www.bnmexico.com
o llamar en México [52] (951) 518-5740

Grande, Grande, Grande y Grande
julio 1999

¿Que derecho tenemos de estar cómodos y conchas cuando nuestro maestro nos dio la tarea de ganar el mundo por Cristo? Mientras no proclamamos el evangelio a las naciones estamos haciendo tardar la venida de Jesús, porque El nos dijo: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin.” (Mateo 24.14)
GRANDES NECESIDADES, GRANDES OPORTUNIDADES
Los nubios de Egipto fueron removidos por fuerza de sus tierras tradicionales en los 1960’s. Aunque perdieron monumentos importantes, y sitios históricos, los nubios, siempre orgullosos de su cultura, mantuvieron su dignidad y estilo de vida cuando mudaron a Egipto del Sur y al norte de Sudán. Cientos de años atrás, éste era un pueblo cristiano. Ahora son 100% musulmanes.

Los niños del grupo étnico criollo de Argentina viven en una pobreza drástica. Muchas veces familias de 12 ó 14 viven en casas de una sola recamara. Muchos niños criollos nunca han asistido a la escuela y seguido se encuentran en las calles ayudando a sus padres mendigar. A veces, niñas adolescentes de 10 ó 12 años son enviados a las calles a prostituirse para traer algo de dinero a la familia.

Turquía puede ser un país clave en la Ventana 10/40 por ser una nación musulmana con menos política en contra del evangelio. Hace poco el gobierno permitió un evento público que incluía un concierto, evangelismo, y distribución de literatura. Hay misioneros mexicanos en Turquía.
Cinco veces la Gran Comisión nos es repetida en el Nuevo Testamento. ¿Cuántas veces más tendrá Dios que decírnosla para que la creamos y la obedezcamos?
GRANDES RIESGOS
Hace poco Carlos y Tania Araus, pastores en Quito, Ecuador, fueron asaltados cuando regresaban de una actividad de la iglesia. Los asaltadores rompieron el cristal de su vehículo, apuñalaron a los dos, y advirtieron a Carlos que si no dejara de predicar, lo mismo sucedería a sus hijos. Tania murió a causa de sus lesiones.

Un grupo de cristianos exhibía la película “Jesús” en un pueblo del Nepal (un país muy cerrado al evangelio) como parte de un esfuerzo evangelístico. Habían unas 170 personas viendo la película cuando apareció un grupo de 50 jóvenes hindúes fundamentalistas. Comenzaron a golpear a la gente que estaba presente, especialmente a pastores y líderes, aun a mujeres. Se llevaron el equipo y raptaron a tres líderes. Hasta ahora no se sabe nada de esos tres jóvenes secuestrados.

“Dios tuvo un solo hijo, y lo hizo misionero.”
GRANDE ES DIOS Y HACE GRANDES COSAS
En Zambia, África, el líder de un pueblo y dos otros varones tenían años buscando la verdad. Sus visitas a iglesias no-evangélicas, y su involucramiento en diferentes sectas los dejaron insatisfechos. Cuando supieron que un misionero estaba por llegar a un pueblo cercano, caminaron cinco horas para escucharle. Fueron impactados por el mensaje y seguían asistiendo a las sesiones.
Cuando el misionero, por fin, pudo visitar al pueblo de ellos, descubrió que los tres hombres estaban teniendo reuniones con la gente, tenían un iglesia establecida ya, y estaban llevando el evangelio a sus alrededores.

Hemos aceptado Su GRAN SALVACIÓN. ¿Hemos aceptado Su GRAN COMISIÓN?
GRANDE LA TAREA – AUN EN NUESTRO MÉXICO
Paulino es un joven huichol que acaba de cumplir 23 años. Está en su primer amor con el Señor y en el fuego del Espíritu. Los huicholes han sido uno de los grupos más difíciles de alcanzar en México, y uno de los que más se aferra a su religión animista.
Los líderes del pueblo donde vive Paulino lo arrestaron a él y a otros convertidos. Fueron encarcelados por 72 horas sin alimento, sin agua, y con sus pies metidos en grilletes de madera. Fueron amenazados a ser quemados. Fueron ordenados a firmar renunciando a su fe, o serían destruidas sus casas, y se les quitaría el ganado o animales que tuvieran. Por temor, algunos firmaron, aunque en realidad quieren seguir el evangelio.
Paulino dijo, “Es algo importante saber que tenemos a Dios en el corazón. A pesar de todo lo que está pasando, en ningún momento he sentido miedo. He estado dispuesto a dar mi vida por Jesús y tal vez esto me ha ayudado a no temer. Cuando estuvimos en la cárcel estuvimos alabando a Dios y leyendo Su palabra. Lo único que retumbaba en mi mente y en mi corazón es que somos bienaventurados. Todo esto ha fortalecido mi espíritu y me hace estar firme.”
Rito y su esposa habían perdido a seis niños suyos: unos al nacer, otros en el vientre. El se sentía defraudado de sus dioses, había hecho todo lo que los brujos le decían, y no había sido posible lograr una familia. Hace seis meses escuchó el evangelio y le interesó muchísimo. Su esposa tenía ocho meses de embarazo, y su temor de perder otro bebé era grande. Tomaron la decisión de entregarse a Jesús. Al mes nació su bebé sin ningún problema. Ahora tiene siete meses, lleva un gran nombre: Esteban—el primer mártir de la iglesia. Este bebé también estuvo encarcelado con sus padres. Rito ahora está más convencido que nunca de seguir a Jesús y de dar su vida si es necesario. Fue bautizado hace poco.
Ismael, de 27 años, tiene seis meses de convertido. Al principio dudaba, pero ha estado viendo la mano de Dios en su vida. Cuando llegaron por él para llevarlo a la cárcel tenía gran temor. Al llegar donde estaba juntada toda la gente, lo pusieron en medio de ellos rodeándolo todos y todo el mundo gritando: “quémenlo, mátenlo, cuélguenlo”. Al principio tuvo miedo, pero de pronto sintió que algo lo cubría de cabeza a pies y de repente el miedo se esfumó. Miraba a toda la gente, unos gritando y otros riéndose. Ismael sentía paz. “Yo los veía en sus caras, fue Dios quien quitó mi temor y ahora he decidido seguirle,” dijo Ismael. El también fue bautizado el mismo día que Rito.

Jesús nos dice en Juan 14.15: “Si me amas, obedece mis mandamientos.” ¿Cómo es entonces, que los cristianos de hoy nos atrevemos a decir que le amamos pero no obedecemos Su mandato de proclamar Su nombre a las naciones?
Con ayuda de Moisés López, Fito García, y Paulino Ávila

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29. Malas Noticias y el Caimán

Ha sido un mes difícil para las misiones…

En ARABIA SAUDITA, corazón del Islam, se ha levantado una persecución contra creyentes, y algunos 100 cristianos han sido arrestados en los últimos 20 días. Muchos de ellos son extranjeros—de las Filipinas, la India, de Holanda. Las autoridades saudis acostumbran usar tortura para descubrir “las verdades” que quieren saber. El Holandés Wim den Hartog fue llevado por la policía el 13 de junio. La policía le dijo a la esposa de Wim que regresaría dentro de una hora. Hasta la fecha no se ha sabido de él.

Cinco extranjeros fueron arrestados en MARRUECOS por tener una gran cantidad de biblias. Aunque la biblia no es contra la ley en esa tierra musulmán, dos franceses, dos canadienses, y un inglés fueron detenidos. Fueron interrogados por 48 horas, puestos en un pozo sin probar agua ni alimento, y luego, forzados a firmar una confesión escrita en árabe, la cual no podían leer. Cinco días mas tarde fueron sentenciados—multados, expulsados, y un yate y una motocicleta confiscados.

En VENEZUELA, los enemigos del evangelio están tratando de sacar a todos lo misioneros de entre las tribus. El subcomité del congreso se reunió y votó para presentar al congreso la Ley sobre Comunidades Indígenas. El chiste de la ley es “Protejan a los pobres indígenas, corran a los misioneros.” Ambas ramas del congreso necesitarán aprobar la ley antes de que entre en vigor. La presente sesión del congreso termina el 15 de Julio, así que si no es aprobada en ese lapso, se prorrogará para principios del año próximo o para más tarde.

Un misionero de INDONESIA escribe… “Hemos tenido algunas demostraciones de estudiantes, un par de tiendas quemadas, muchos carros apedreados, etc. Tuvimos un suceso destacado aquí en Camplong hace 3 semanas. Cuatro jóvenes menores de 20 años vinieron a divertirse en un carro, subieron a unas chicas de la localidad y las violaron. Algunos hombres de Camplong capturaron a los jóvenes y los lincharon ¡frente a los ojos de la policía!
La carencia de alimentos: Hay decenas de miles de familias alrededor nuestro que no tienen qué comer. Su maíz, plátanos y camotes no se maduraron por la lluvia (como 10% más de lo normal). Mi predicción es que esta área estará peor que el año pasado en Irian Jaya donde más de 3000 murieron de hambre. Todo parece estar grave aquí. Hemos “adoptado” cuatro pueblos (estamos buscando más) y estamos dándoles comida cada mes a las 40 familias más pobres de estos pueblos.

En RUSIA, un misionero mexicano que tiene unos pocos meses de haber llegado, puede estar siendo afectado por la alta radioactividad en el aire liberada por la explosión en la base militar rusa.

En el Amazonas, la sequía causada por El Niño está trayendo una hambre tremendo a los YANOMAMÖS y otros grupos étnicos de la selva. La malaria sigue con toda su intensidad, llevando indígenas a una eternidad sin Cristo.

Con tanta noticia mala, ¿para qué andar en las misiones? ¿No sería mas fácil quedarnos en nuestro México y celebrar nuestras victorias en la Copa Mundial, y lamentar las derrotas? ¿Para qué meternos en problemas cuando la vida, por sí, es bastante problemática?

> Porque la iglesia existe para proclamar las buenas nuevas hasta las regiones mas remotas.

> Porque las puertas del infierno nos pueden dar lata pero no pueden prevalecer contra nosotros.

> Porque Cristo no puede volver hasta que el evangelio haya sido predicado a todas las naciones (Mateo 24.14).

Déjame contar de una vez cuando fui a casar caimán (algo parecido a un cocodrilo) en el Río Orinoco de la selva de Venezuela.
Fuimos cuatro misioneros en total—uno encargado de manejar la lancha, uno con escopeta, otro con machete, y yo con una lanza. Yo sí me sentía muy Tarzán.
El caimán se caza de noche, desde una lanchita, alumbrando la ribera del río con una lámpara. Cuando la lámpara revela un par de ojos medio hambrientos mirándote, es hora de accionar. El de la escopeta se levanta y dispara hacia los ojos. El de la lancha acelera el motorcito para rápido llegar al animal herido. El de la lanza detiene el animal (desde la lancha) y el del machete hace machaca del pescuezo del caimán hasta matarlo.
El chiste es quedarse adentro de la seguridad de la lancha, donde el caimán no te puede hacer nada. Pero cuando le metí la lanza, la bestia giró en el suelo, me dobló los tres picos de la lanza (son tremendamente grandes y fuertes los caimanes) y ¡se me escapó! Pero ¿cómo se va a escapar un caimán de uno que se cree Tarzán? Me brinqué de la seguridad de la lancha para aceptar el desafío del animal, enfrentándolo sobre su propio territorio.

Como dijo Rambo, “Un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer.”
Matamos al caimán.

La iglesia, también, tiene que hacer lo que tiene que hacer. Hay que salirse de la lanchita, hay que ir contra la bestia. A pesar de los peligros, a pesar de la inconveniencia, a pesar de lo difícil de la tarea.
Tenemos un enemigo que se levanta fuerte y feroz. Pero nuestro Dios dice que temerán a Dios “todos los términos de la tierra” (Salmo 67.7).
Hay que abandonar lo seguro e invadir el territorio del enemigo.
Iglesia del Cordero, Dios nos llama a las misiones. Arabia Saudita tiene que conocer a Cristo. Marruecos tiene que ver la luz. Venezuela andará en la verdad. Indonesia conocerá su salvación. Rusia estará llena de la gloria de Jesús. Los yanomamös recibirán vida eterna.

No todas las noticias son malas…
En Chennai, India, se bautizaron en el mismo día, un total de 2,231 personas de 25 etnias. ¡El caimán se está muriendo!

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30. Creyendo la Mentira: Una Nación de Casi-Capaces

La mentira. ¡Que cómoda es! Porque a veces es tan fácil creer una mentira acerca de uno mismo…

Los tala andigs, por ejemplo, viviendo en la selva de las Islas Filipinas, creen una mentira de sí mismos. Tienen una leyenda que explica por qué son como son—despreciados, sin conocimiento y sin posición. Dicen que, a los primeros tala andigs, les nacieron dos hijos varones. Uno de los hijos dijo, “yo voy al otro lado de la selva para ir a la costa y educarme.” El otro dijo, “yo voy a quedarme aquí.”
El que se fue, prometió algún día volver con conocimientos para compartir con los demás. Pero nunca regresó. Entonces—según ellos—los tala andigs son como son porque son descendientes del hermano que se quedó.

Aquí en México los triquis de Copala creen una mentira que también justifica su pobreza. La diosa del trueno le dijo a su marido—el dios del trueno—que no mirara mientras cosechaba el maíz. Pero él no le hizo caso, miró, y la cosecha fue pobre. Luego discutieron, ella roció el maíz con polvo de su metate y entonces huyó a la costa. Por eso, hoy en día, en Oaxaca la gente que vive en la costa tiene mejores cosechas que los triquis de Copala.

Estos mitos dan una explicación a la gente por qué es que vive en escasez , o en ignorancia, o atrasada. Los llamamos “conceptos culturales de inferioridad”. Justifican el no esforzarse. Quitan toda esperanza. Traen sentencia de pobreza a grupos étnicos enteros.
Yo tengo un hijo mixteco. A la edad de tres meses le dio tos ferina. Sus padres biológicos lo llevaron al hospital donde internaron al niño. El día siguiente le dieron de alta. Lo dieron de alta no porque estaba sano sino porque era indito. Era oaxaqueñito. Pero los papás—que mucho amaban y aman a su hijo, no vieron el asunto como para alterarse ya que, cuando nació el niño, la partera les había dicho que él no viviría mucho tiempo porque tenía la “garganta chiquita”.
Sabiendo que su hijo tenía la “garganta chiquita” y no era para vivir mucho tiempo, los papás llevaron al niño al campo con ellos el día siguiente, en la lluvia—el niño todavía con tos ferina—porque de todos modos este niño no puede vivir mucho tiempo (“porque la partera ya nos dijo”). Si no hubiera sido por la intervención de mi esposa, este niño—quien ahora es nuestro hijo—no hubiese vivido.

Ah, la mentira. ¡Qué cómoda! ¡Cómo nos quita las fuerzas, nos quita el empuje, nos quita la razón de luchar! ¿Para qué intentar, si de todos modos somos así porque así tenemos que ser…?

Yo he escuchado tres mentiras acerca de los mexicanos y las misiones:
Mentira #1. El mexicano no es bueno para aprender idiomas. “El castellano es un idioma tan sencillo que le da al mexicano la desventaja para el aprendizaje de otros idiomas.” Pobres mexicanitos. No pueden aprender idiomas. Lástima que no nacieron siendo gringos. Los mexicanos no pueden ser buenos misioneros porque no pueden aprender idiomas.
Mentira #2. Los mexicanos no pueden trabajar en equipo. Son muy buenas personas, muy amables y amigables, pero para trabajar en equipo como se ocupa en el campo misionero, ¡olvídalo! “Por eso,” (me han dicho), “los mexicanos son buenos para el box pero malos para el beis.” Lo que es de uno solo, sí se hace, pero para cooperar juntos, no está en su sangre. Pobres mexicanitos. Lástima que no nacieron siendo gringos. Los mexicanos no pueden ser buenos misioneros porque nunca van a poder trabajar en equipo.
Mentira #3. Los mexicanos no tienen dinero para ir al campo misionero. Las iglesias no van a apoyar. ¡Órale! ¡Entonces nos tienen no solamente pobres, sino tacaños también! Pobres mexicanitos. Lástima que no nacieron siendo gringos. Nunca van a poder ser buenos misioneros porque nunca van a tener dinero.

¡Ya basta! ¿Creeremos la mentira? ¿Haremos hincapié al cuento que nosotros somos una nación de casi-capaces? ¿Que la sangre que fluye en las venas al norte del Río Bravo es superior a la que está sazonada con chile jalapeño?

Yo no, tenk yu.

La verdad es que Dios está levantando un ejército de mexicanos enamoradísimos de Jesús, gente que entiende que el corazón de Dios palpita “las naciones, las naciones, las naciones”. Gente que no está ahogada en auto-lástima, ni engañada por sus propias mentiras. Gente que no yace en conceptos erróneos de inferioridad.
Es un ejército poderoso de gente atrevida, con un Dios todo-potente.

Mexicano, tú y yo, somos los escogidos de Dios. Hay una tarea que hacer: Las Misiones.
Mexicano, olvida la mentira. ¡Vamos al grito de guerra!
¡Fuímonos yendo!

con colaboración de Bárbara Hollenbach

Fin.

Por Marcos Schultz
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